Etiqueta: Desigualdades en salud

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ADSP Cádiz: Acción Comunitaria para la reducción de las desigualdades en salud

Se ha celebrado en Cádiz la primera jornada sobre acción comunitaria para la reducción de las desigualdades sociales en salud. Una actividad organizada por la asociación para la defensa de la sanidad pública de Andalucía y el grupo de investigación de salud pública de Cádiz en colaboración con la universidad de Cádiz y la sociedad española de epidemiología.

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Desigualdades sociales y salud: Obesidad, deporte, consultas médicas.

Una encuesta del INE muestra la brecha en la salud entre el 20% de los hogares más ricos y el 20% más pobre. Se trata de la Encuesta de condiciones de vida 2017 del Instituto Nacional de EstadísticaFuente: Ana Ordaz, en eldiario.es

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Rastreador Sanitario

Tener en cuenta el sentido común y la sabiduría de las personas / Listening to the wisdom of people

Fuente: Rafa Cofiño en “Salud Comunitaria” 

Traducción de un texto de Jennie Popay publicado en julio del 2014 en la página web de People´s Health Trust.
Jennie Popay is Chair of People’s Health Trust and Professor of Sociology and Public Health at Lancaster University.
El texto original puede leerse aquí.

(…) “Si se quieren reducir las desigualdades en salud, debe usarse la experiencia de las personas más severamente afectadas -incluidas las que tienen bajos ingresos, viviendas precarias, desempleo y otros problemas sociales y económicos- para identificar cuáles son los problemas más importantes a los que se enfrentan y para ayudar a dar forma a las soluciones que se adoptarán a nivel local y nacional. Por ejemplo, las personas que viven en barrios de bajos ingresos pueden tener “teorías” muy sofisticadas sobre la causa de las desigualdades en salud. ”


El Congreso aprueba la enmienda que aumenta las indemnizaciones a afectados por la talidomida

El Congreso de los Diputados ha aprobado los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2018 después de debatir las 44 enmiendas que el Senado realizó al proyecto y que contemplaban unos cambios de 179 millones de euros, de las que ratificó 32 entre las que destacan la disposición adicional quincuagésima sexta en la que se cambia la forma de baremar los importes de las indemnizaciones a las personas afectadas por la talidomida y la colaboración económica de la compañía propietaria de la patente de este medicamentoFuente: actasanitaria.com


Sexo y empatía: las bases éticas del follar

Fuente: CTXT 

(…) A raíz de lo ocurrido con la sentencia de La Manada, en los días (ya semanas) siguientes, hemos hablado y escrito de muchas cosas relacionadas con el feminismo y no estrictamente con la sentencia en sí, que también. Digamos que la sentencia, como antes el 8M, está sirviendo para levantar muchas alfombras y levantarlas incluso de sitios donde hacía años que nadie se ocupaba de barrer. Esta sentencia ha provocado indignación porque antes estuvo el movimiento #MeToo y porque una gran parte de la revuelta feminista de los últimos tiempos tiene que ver con la violencia sexual, es una revuelta contra las violaciones y el acoso, contra la sexualidad machista, en definitiva. Así que por fin se nos presenta la oportunidad al feminismo de hablar más de sexo. Porque el sexo es el elefante blanco que está en una habitación y nadie parece ver. Y no se trata sólo de denunciar, castigar o perseguir, no se trata de aumentar las penas, sino de reflexionar acerca de qué es esa “cosa escandalosa” (parafraseando a Donna Haraway y refiriéndola aquí a la sexualidad patriarcal) y qué relación tiene con la desigualdad social, con las relaciones de género, con el poder, con la política.

Es hora de volver a pensar la sexualidad como una construcción política que incide en las relaciones sociales de manera fundamental.

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La desigualdad sanitaria como violencia

Más allá de la genética, las mujeres sufrimos determinadas enfermedades simplemente por el hecho de serlo. En los últimos años, tanto desde la Organización Mundial de la Salud (OMS), como a través de las investigaciones y estudios publicados por el Observatorio de Salud de las Mujeres (OSM) de nuestro país, se evidencian muchas de las diferencias y desigualdades en todos los aspectos relacionados con la salud de los unos y otras.

Pero a pesar de los datos, la mayoría de los profesionales de la salud no tratan a las mujeres y su salud con perspectiva de género. Vivimos en un modelo que, por ejemplo, no cuestiona la desigualdad que arrastran las mujeres por la carga extra de trabajo doméstico y cuidados que realizan. Y ese desequilibrio pasa factura en cuanto a fibromialgias, migrañas o anorexias nerviosas. Es una evidencia, el 90% de las enfermedades físicas que se dan entre las mujeres están relacionadas por no entender las cuestiones de género. 

Pero más allá de eso, de que la artrosis afecta al triple de mujeres que de hombres o de que de 9 de cada 10 personas que sufren fibromialgias o migrañas sean mujeres, en la Asociación Mujeres para la Salud (AMS) hemos acuñado también otra dolencia, lo que nosotras llamamos “depresión de género” y que utilizamos para poner nombre a los problemas psicológicos de las mujeres por el hecho de serlo, por esos factores culturales y sociales que van más allá de la genética. No son depresiones exógenas, hay unos síntomas claros que están relacionadas con la cultura en la que vivimos y tienen que ver con los roles de unos y otras, con los cuidados que siempre recaen sobre nosotras, con las relaciones de pareja que hemos aprendido… Esa carga la han sufrido las mujeres, repercute en su salud y al final es un problema público que no se ha querido ver y estudiar. Y eso sin entrar en el maltrato y el abuso de menores, un tema gravísimo y oculto durante años.

Según la concepción de una medicina patriarcal, los síntomas por los que las mujeres suelen acudir a la consulta se consideran como expresión de trastornos en el funcionamiento de un cuerpo biológico. Se invisibiliza la relación entre las condiciones de vida y los síntomas por los que consultan y se inicia un proceso “medicalización de los conflictos”. Los estudios indican que las mujeres de nivel socioeconómico bajo suelen ser más medicadas que las de otros sectores. Son mujeres que acuden, en primer lugar, a los servicios de guardia hospitalarios, o al médico general por sus dolencias, y suelen recibir un tranquilizante.

Nuestro reto pasa porque el género se incluya en la sanidad en los próximos años.

Porque no hay una formación específica dirigida a la comunidad médica, colegios de psicólogos y enfermería que tengan en cuenta, más allá de la biología, otras dolencias relacionadas con los factores sociales y culturales que afectan a las mujeres. La sociedad patriarcal solo ha estudiado, desde una mirada androcéntrica, al hombre.

Este post forma parte de una serie de entradas creadas específicamente por diversas expertas, en el marco de la campaña #MeNiegoA  de Oxfam Intermón.  Tienen como objetivo sensibilizar y generar debate acerca de la gravedad de las violencias machistas en nuestra sociedad durante los 16 Días de Activismo contra la violencia de género.

Soledad Muruaga López de Guereñu es Presidenta y cofundadora de la Asociación Mujeres para la Salud

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