Presupuesto Sanitario de Euskadi para 2026. Análisis.
Junta directiva de Osalde
El presupuesto sanitario de la Comunidad Autónoma de Euskadi para el ejercicio 2026 (ver aquí) se presenta como un hito estadístico al alcanzar la cifra récord de 5.327,56 millones de euros. Sin embargo, tras los grandes titulares se esconde una realidad económica y política compleja: mientras la economía vasca y la recaudación crecen para permitir un aumento del presupuesto del conjunto de Departamentos del 10,08%, a Salud se le asigna un +4,07%, y su peso relativo dentro de las cuentas globales del Gobierno Vasco pierde peso, desciendo del 32,55% al 30,77%.
Con una dotación de 2.374 € por habitante, Euskadi mantiene el esfuerzo inversor más alto de España en términos de dinero corriente. No obstante, la capacidad de mejora real del sistema es limitada. Una vez descontada la inflación prevista del 2,3%, el crecimiento real del presupuesto se sitúa en un 1,77%, que difícilmente permitirá más allá de la inercia operativa del sistema, dejando escaso margen para transformaciones importantes. Máxime si se compara con el presupuesto ejecutado de 2025, que con esta variable el crecimiento se reduce al 3,54%, dejando un margen aún más estrecho tras el ajuste por inflación. Con una población donde el 26,5% será mayor de 65 años en 2026, donde el coste de tecnología y fármacos superará al IPC general, el sistema está técnicamente en estancamiento o decrecimiento de capacidad real.
Para el presupuesto de 2026, la previsión de destinar un 5,30% de su PIB sitúa a Euskadi en su línea histórica: un gasto por habitante privilegiado (el mayor de España). Para contextualizar el análisis es fundamental entender que el gasto sanitario en relación al PIB (Producto Interior Bruto) mide el «esfuerzo económico» que realiza una sociedad. En España, existe una paradoja: las comunidades con mayor renta (como Euskadi o Madrid) suelen dedicar un menor porcentaje de su PIB a la sanidad, aunque su gasto por habitante sea el más elevado, debido a que su «tarta» económica (el PIB) es mucho más grande. Euskadi se sitúa en la zona media-baja de este ranking. Al tener un PIB per cápita muy alto, el porcentaje que dedica a salud parece «menor» que el de regiones con economías más pequeñas. representando un porcentaje más pequeño de su riqueza total. El promedio de las comunidades autónomas destina de promedio un 7-8% de su PIB a la sanidad pública. En aquellas que tienen un PIB menor, la sanidad «pesa» más en sus cuentas. Por debajo de Euskadi están tradicionalmente sólo Madrid y Cataluña (y ocasionalmente Baleares). Sabiendo que no se puede comparar linealmente con otras economías en Europa, aún así la foto parece raquítica: Alemania dedica el 10,58 % y Francia el 11,5% de su PIB. Ésto indica que Euskadi tendría «músculo financiero» para invertir más sin comprometer su estabilidad macroeconómica.
Un punto crítico del presupuesto 2026 es el persistente «hospitalocentrismo». La Atención Primaria recibirá el 14,2% del presupuesto mientras la especializada y hospitalaria el 64,5%. Una AP infrafinanciada, con el compromiso político de atención para las citas espontáneas en un plazo de 48 horas, apenas puede contener la cronicidad, derivando pacientes complejos al nivel hospitalario, que es el recurso más caro y que repercutirá en el colapso de las urgencias.
La Salud Mental es otro de los puntos donde la inversión parece ser más inercial que transformadora, a pesar de la creciente demanda social. El gasto se canaliza a través de las redes de salud mental de cada territorio (Araba, Bizkaia y Gipuzkoa). Sin embargo, el presupuesto no muestra un aumento extraordinario o específico que sugiera una reforma profunda del modelo. Se mantiene la continuidad de los centros de día y redes comunitarias, pero sin un refuerzo de plantillas que reduzca significativamente los meses de espera para una terapia.
En la estructura de costes es especialmente preocupante el gasto farmacéutico. La suma de recetas y farmacia hospitalaria asciende a 1.036,7 millones de euros (621,99 M€ para recetas y 414,71 M€ para farmacia hospitalaria) lo que supone casi el 20% de todo el presupuesto de salud, con un crecimiento acelerado de +8,28%, lo que detrae recursos de otras áreas, y aparece como el principal factor de inestabilidad. El sistema parece actuar como mero pagador de la industria farmacéutica sin mecanismos efectivos de contención.
Por su parte, los gastos de personal suman 2.764,6 millones de euros (+3,67%). Sin embargo, estos costes están perdiendo peso relativo dentro de los gastos de explotación de Osakidetza. Parte de este aumento se destina a cubrir la actividad extraordinaria necesaria para bajar las listas de espera. Esta tendencia podría sugerir una posible pérdida de poder adquisitivo para la plantilla, en un marco de dificultad para la cobertura de plazas en centros de salud periféricos.
La prioridad estratégica para 2026 se ha concentrado en el denominado «Objetivo nº 42»: la reducción drástica de las listas de espera. El Gobierno Vasco se compromete a demoras máximas de 60 días para cirugía, 30 días para consultas especializadas y 20 días para pruebas complementarias. Para lograrlo, el presupuesto aumenta un 6,7% la contratación con la sanidad privada (conciertos) y destina 202 millones a nuevas infraestructuras y tecnología diagnóstica.
Otros datos:
Inversión en Infraestructura: Se destinan 202 M€ (+23,13%) a la construcción y modernización de centros y equipamientos.
Fortalecimiento de Plantilla: Se prevé la convocatoria de OPEs con más de 4.500 plazas y medidas específicas para cubrir puestos de «difícil cobertura» en atención primaria.
Digitalización: Puesta en marcha de la «Oficina del Dato» (DATUA) para integrar información clínica y poblacional. Gestionará la información sanitaria para optimizar la planificación, investigación y asistencia a pacientes. Esta iniciativa forma parte de la transformación digital de Osakidetza, con un presupuesto de 100 millones de euros, buscando mejorar la atención mediante inteligencia artificial y telemedicina.
Conclusión
En definitiva, el presupuesto de 2026 es expansivo en lo nominal pero inercial y restrictivo en lo estratégico. El sistema sigue apostando por «curar» en el hospital mediante alta tecnología y derivaciones a la privada. Ante una población donde el 26,5% superará los 65 años en 2026, la falta de una apuesta decidida por la Atención Primaria compromete la sostenibilidad y la equidad del sistema público a largo plazo.
OSALDE, febrero 2026

















