Quizá no fue el murciélago de Wuham

Quizá no fue el murciélago de Wuham

por Iñaki Márkez, miembro de OME y Osalde

El Covid-19 es una cepa de esa familia de coronavirus que ocasiona afecciones respiratorias, leves con frecuencia, pero que en personas vulnerables pueden ocasionar enfermedades graves. Es un tipo de virus que conocimos anteriormente con el síndrome respiratorio agudo de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en Asia, relacionado con la gripe aviar. Se dijo que era de origen animal, atribuido a murciélagos, sin conocerse el lugar de su origen debido a la rápida mutación de los virus que, en nuestra intercomunicación global, se desplaza en horas de un lugar a otro sea cual sea la distancia. Wuham fue el lugar donde primero se manifestó de modo amplio, pero desconocemos su origen. Hay otras muchas tesis que apuntan a que la transmisión pudo ser a través de las personas.

Son muchos los animales que consumimos (aves, ovinos, bovinos, peces, etc.) que reciben pesticidas, maíz transgénico, antibióticos y antivirales para prevenir sus posibles enfermedades (y para mayor engorde) que pueden posteriormente generar enormes resistencias. La misma OMS ha dado varios toques de atención a la industria de la alimentación por estas cuestiones, sobre todo por el uso excesivo de antibióticos.

Habría muchos más elementos críticos sobre estas cuestiones como la desforestación y la creciente expansión de la industria agropecuaria, o los inmensos incendios, la agricultura y ganadería industriales masivas, esquilmar especies, el hacinamiento urbano con sus zonas degradadas, la contaminación de las aguas y ciudades… y todas esas situaciones que conducen al cambio climático y hacen que los animales, grandes o pequeños, cambien sus hábitats.

Murciélagos, ratas, mosquitos, aves urbanas o animales domésticos pueden ser trasmisores de enfermedades varias, algo no habitual pero posible.

El sistema (capitalista) actual no va a criticar esos funcionamientos pues sería poner en cuestión el negocio de las industrias transnacionales y la multitud de otras empresas menores subsidiarias ¿Quién pedirá a Monsanto-Bayer, Basf, Syngenta o DuPont, que controlan en oligopolio la mayoría del mercado mundial de agroquímicos, para que modifiquen sus criterios de producción? Nadie. Obligaría a cuestionar el actual sistema alimentario industrial, desde la producción de semillas, cultivo, recolección, procesamiento y consumo. Al mismo tiempo, las empresas farmacéuticas, de la alimentación, cosmética o incluso del ocio, bien apoyadas por el negocio informático a través de la comunicación virtual, con las empresas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft) nos controlan vidas y bolsillos mientras crecen las desigualdades reales por todo el planeta.

No está claro si tras esta pandemia vamos a caminar hacia un nuevo orden mundial como algunos auguran, pero sí muchos opinaremos que este sistema no solo no funciona pensando en la ciudadanía sino que la lleva a al aniquilamiento de muchos miles, muchos millones de personas. En nuestro asumido o impuesto neoliberalismo, con precarios sistemas de salud incapaces de atender a la enorme población que enferma en muchas áreas del mundo con enfermedades producidas por sus propias grandes empresas. Para muestras ahí tenemos la obesidad, hipertensión, problemas cardiovasculares, diabetes, algunos cánceres y un buen número de comportamientos adictivos.

En esta pandemia, los gobiernos proclaman que atenderán prioritariamente a las personas mayores y a las más necesitadas. Más de la mitad del planeta vive en países con sistemas de salud incapacitados para semejante empresa, EE.UU. incluido, y solo aguantarán malamente el parcheo asistencial, peor aún si han desmantelado o desprotegido la Sanidad Pública.

El sistema neoliberal anuncia que lo va a lograr mediante “la guerra” al virus y “batallas” contra la infección. Se recurre al lenguaje bélico, incluso con escenografía militar en los espacios públicos cuando no es un problema militar, como tampoco es solo una cuestión de tecnología farmacéutica. Habrá que conocer las causas y no debilitar los sistemas de salud para un adecuado abordaje con respuestas colectivas. Con nuevas culturas que cuestionen lo actualmente establecido, con sistemas sanitarios que piensen más en la promoción de la salud, en la atención primaria y que cuiden a sus profesionales. Miles de sanitarias y sanitarios, y esas profesionales no sanitarias, tan necesarias para su adecuada actividad, estaban ya y las hemos visualizado ahora en primera línea de la atención sanitaria, precisan que se consolide su puesto de trabajo. Con mejores condiciones, con reconocimiento institucional (el social ya lo tienen), con recursos, con la financiación precisa.

Esperemos que los fracasos de las políticas y actuaciones previas no sean el preámbulo de nuevo período de precariedad en la salud pública ni de totalitarismos lenguaraces que traten de ocupar nuevos espacios. Si aprendemos las lecciones de esta pandemia daremos la importancia debida a los recursos públicos, también en la Salud.

 

One Comment

  • ESTHER ZUÑIGA LOPEZ

    Mila esker! Muy oportuno! Cuando desde todos los medios nos convocan sin tregua a poner la mirada en WUHAM, y distraen la mirada crítica a este sistema social que anteriormente ya era voraz! contaminante! agresivo! y violento!! Desde cualquier lugar, y sobre todo lxs que estamos en el ámbito de lo comunitario, no podemos perder la mirada del BIEN COMÚN.

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