Panorama de una pandemia fuera de control en el siglo XXI

Panorama de una pandemia fuera de control en el siglo XXI

por Jorge Barrón, microbiólogo y miembro de Osalde

Charla en Jornada COVID-19: Crisis ambiental, sanitaria y sistémica. CCOO d’Industria de Catalunya (Primera mesa: Pandemia y medio ambiente)

Ha transcurrido casi un año desde la declaración de pandemia por la OMS. Sin embargo, los casos de infección, los ingresos hospitalarios y las muertes por el virus emergente SARS CoV 2 no han dejado de evolucionar en ondas en la mayoría de los Estados gobernados con sistemas liberales, mientras que países con sistemas de gobierno social han contenido eficazmente la transmisión y han logrado volver a la normalidad económica y social.

En diciembre de 2020 se superó ampliamente en el mundo el millón y medio de muertes por Covid-19. La cifra oficial probablemente subestima el total real. Pero llama la atención las enormes diferencias en pérdida de vidas humanas en diferentes Estados.

¿Qué se hizo en la República Popular China para tener menos de 5.000 muertes por Covid-19, mientras que España ha tenido más de 40.000?

La primera ola epidémica se logró contener eficazmente aplicando rigurosas medidas de confinamiento. Sin embargo, pasado el estado de alarma, la transición apresurada hacia la mal llamada Nueva Normalidad no logró controlar la transmisión del virus, sucediéndose abundantes brotes locales, una segunda y hasta una tercera ola con claro fracaso de las medidas de contención.

En España, la intervención del Gobierno Central intentando establecer medidas para todo el territorio se ha tropezado continuamente con la rivalidad política de las CCAA, de forma que de la Comision Interterritorial de Sanidad han emanado más recomendaciones que obligaciones, medidas a menudo confusas y contradictorias que solo contribuyen a aumentar la incertidumbre de la ciudadanía.

Por su parte, los gobiernos de las Comunidades Autónomas, tampoco han mostrado agilidad y energía en la aplicación de medidas de contención, serviles a su clientela política. A menudo han dictado “políticas para no ser cumplidas” como son aquellas que reclaman a la ciudadanía una responsabilidad y compromiso que los propios gobiernos no observan.

Así las cosas, una sensación de caos e incertidumbre se ha apropiado de la población, generando todo tipo de reacciones que en nada contribuyen a lograr la confianza necesaria para aunar fuerzas contra el progreso de la pandemia.

Es cierto que aun se conoce poco de este nuevo agente emergente y tenemos que tomar decisiones con grandes dosis de incertidumbre:

  • Aún no sabemos cómo surgió éste nuevo virus y cuando comenzó la pandemia. Los coronavirus tienen facilidad de saltar de una especie a otra, como lo han hecho en las epidemias de SARS y MERS de 2002 y 2012. El origen del virus a partir de los murciélagos parece claro, pero falta un huésped intermedio para explicar la transmisión.
  • Otra hipótesis sobre el origen es la manipulación genética de virus en los laboratorios de alta seguridad. Las técnicas actuales de manipulación genética permiten “fabricar” en el laboratorio “quimeras”, combinaciones de virus.
  • Probablemente la información de los primeros casos fue retrasada y minimizada, como por otra parte es lo habitual en situaciones similares. Es un asunto importante, dado que la precocidad en las medidas preventivas determina la intensidad de los daños.
  • Tampoco sabemos la causa de los cuadros más graves, como la llamada “tormenta de citoquinas” que origina cuadros sistémicos de extrema gravedad que conduce a la muerte
  • No disponemos de armas terapeúticas específicas Solo los corticoides y anticoagulantes han mejorado el pronóstico de los casos más graves, pero solo aplicable en hospitales y UCIs

 

Respecto a las vacunas, hemos asistimos a una carrera de márketing entre unas cuantas opciones con inmensas inversiones, contratos millonarios de adquisición que eximen de responsabilidad ante el riesgo de efectos adversos en la población. En solo 11 meses ha comenzado la vacunación en el Reino Unido, Rusia y China. Aunque detener la transmisión requiere porcentajes de vacunación eficaz superiores al 65%, lo que suponen enormes dificultades económicas y logísticas.

Algunos gobiernos están abusando de la perspectiva vacunal para justificar su tibieza y eludir su responsabilidad en la adopción de medidas enérgicas.

La investigación y producción de vacunas ha sido un proceso acelerado de alto riesgo, porque las prisas en el ensayo de fármacos y vacunas no son buenas, disminuyen las garantías. Anteriores ensayos fallidos de vacunas han tenido efectos catastróficos en la salud y la vida de los “voluntarios”, dicho sea de paso, frecuentemente personas pobres e ignorantes con las que no se han cumplido los requerimientos éticos del consentimiento informado. No podemos descartar riesgos desconocidos en el proceso de vacunación masiva.

Aun está por ver si las vacunas son el remedio. Desde luego no lo van a ser para los dos tercios de la humanidad victima de la desigualdad global.

La humanidad está expuesta a un panorama de riesgos globales altamente complejo e interconectado. Las pandemias por agentes emergentes son solo uno de los riesgos periódicos que mantienen a lo largo de la historia de la humanidad. Las pandemias, además de causar aumento de la morbimortalidad, por efecto directo del agente, dan lugar a sucesivas crisis económicas y sociales que afectan en mayor medida a los sectores mas empobrecidos y terminan incrementado la desigualdad.

En el complejo panorama que ofrece esta pandemia destacan dos aspectos de primera importancia en las causas, consecuencias y prevención:

En primer lugar, la ya referida desigualdad global. Dos tercios de la humanidad sufren epidemias crónicas que prácticamente están erradicadas en el llamado primer mundo: Malaria, sida, tuberculosis, ébola, que se suman a hambrunas, guerras o regímenes represores y corruptos.

Otro aspecto a destacar es la influencia de los importantes cambios estructurales originados por la especie humana en el planeta, como la superpoblación, la producción industrial masiva de carne en condiciones insalubres, el consumo de animales salvajes, la deforestación, la destrucción de hábitats naturales, la contaminación ambiental, el cambio climático, la impresionante movilidad global, etc.

Mediante unos Servicios Públicos de Salud suficientes y de calidad podemos evitar muertes y aliviar sufrimientos, mediante medidas políticas de contención, de protección y limitación de actividades de riesgo, podemos limitar los efectos de la pandemia.  Pero mientras no se corrijan las enormes desigualdades tanto en la dimensión global como a nivel de los Estados, ningún remedio, sea fármaco o vacuna, acabará con las pandemias y sus efectos.

En pleno siglo XXI tenemos capacidad científica, tecnológica y organizativa para enfrentarnos con eficacia y evitar al menos en gran medida sus peores efectos. El problema es que estos medios están secuestrados por una pequeña parte de la humanidad y protegidos por patentes, lo que explica que, aun habiendo remedios para el sida, la malaria o la tuberculosis, siguen padeciendo y muriendo millones de seres humanos para los que tales remedios no existen.

Tampoco en el primer mundo estamos en la situación ideal. Esto ha quedado claro viendo el catastrófico resultado de las políticas neoliberales en el manejo de la pandemia. Aquí ha sido el liberalismo en sus versiones más radicales, el factor más dañino, una mezcla de egoísmo, insolidaridad y torpeza que ha mostrado su incapacidad para tomar medidas precoces y enérgicas para contener y controlar la pandemia en niveles bajos. Una actitud pacata propia de Estados liberales débiles ante las élites económicas, que según muchos expertos es aún más dañina para la economía, porque cronifica la pandemia en ondas interminables.

La Salud Pública no es prioridad en los gobiernos de corte liberal. Por lo que tampoco hemos dispuesto de medidas estructurales o jurídicas, como Planes de emergencia sanitaria, recursos suficientes para atender a la demanda sanitaria extraordinaria, Servicios potentes de Epidemiología, de Vigilancia y Control, de Indicadores y medidas técnicas y jurídicas de contención que permitan tomar medidas enérgicas, respuesta rápidas y eficientes, salvando las dificultades políticas de consenso que impiden la falta de previsión e improvisación.

Hay un proyecto llamado COVAXX de vacuna solidaria promovido por la OMS, algunos Estados y Organizaciones Una alianza para producir 100 millones de dosis a bajo costo para comienzo de 2021. Una vacuna completamente sintética, sin riesgos biológicos, sin virus, que permitirá obtener respuestas inmunitarias tanto de anticuerpos como de células.

Sin embargo, las monumentales inversiones realizadas por la industria farmaceútica para el desarrollo urgente de vacunas anti Covid-19 y las compras masivas por Estados ricos, alejan la idea de la vacuna solidaria, como es lo común en otras vacunas que están en el olvido porque sus posibles compradores no pueden pagar los inhumanos derechos de propiedad que protegen las patentes: malaria, sida, dengue, chagas, etc.

¿Qué hemos aprendido de este evidente fracaso en la gestión de la pandemia?

Nuestra sociedad liberal acentúa los derechos individuales frente a los comunitarios y sociales. Es una sociedad de “sálvese quien pueda”, carente de conciencia social. El individuo de la sociedad liberal percibe escasamente cómo su conducta tiene efectos en la comunidad, ignorando frecuentemente su parte de responsabilidad en la transmisión del virus y sus efectos como enfermedad, sufrimiento, muerte, crisis económica y social.

En un estado de corte social sería inconcebible e intolerable la desobediencia de las reglas de protección frente a la pandemia, la actitud de rebeldía reclamando “libertad” que ignora el compromiso social de los individuos.

Lo que ha ocurrido en España y Europa a partir del verano de 2020 ha sido un gran fracaso colectivo: Casi 50.000 muertos, más de 1.000/millón, el tercer mayor índice de Europa (Belgica, Italia). Y en 50% en residencias de mayores y dependientes, con frecuencia excluídos del ingreso hospitalario, falta de liderazgo, descoordinación, equívoco papel de la ciencia, información caótica de datos, controversia política, falta de pedagogía y de transparencia, prematura y rápida desescalada, respuesta lenta y falta de contundencia, con un sistema sanitario debilitado al borde del colapso, falta de rastreadores.,

Nuevamente, el derecho a la salud se enfrenta a nuevas amenazas que indicen muy negativamente en los condicionantes sociales, económicos y políticos de la salud. La pandemia y su gestión ya tienen efectos adversos en la salud, descenso de la esperanza de vida, aumento de las enfermedades crónicas y mentales, ansiedad, depresión, suicidio.

La salida de la crisis sanitaria y la recuperación económica necesita con urgencia resolver las carencias e incapacidades de los Sistemas de Salud, Atención Primaria y hospitalaria, Vigilancia y control epidemiológico, diezmados por la falta de inversión, recortes y privatizaciones. Y la fuerte reacción del Gobierno con unos Presupuestos Sociales capaces de corregir el fuerte impacto de la crisis sobre los sectores mas dañados de la sociedad.

No es preciso un Estado autoritario para imponer normas, pero sí un Estado Democrático con un Plan de Emergencia para situaciones de Pandemia, donde datos, indicadores, umbrales y medidas estén previamente definidos y amparados con las correspondientes garantías legales para llevarlas a cabo sin demora al menor signo de alarma.

Es de esperar que tanto gobiernos como ciudadanos algo habremos aprendido, al menos para tomar conciencia de que son necesarios grandes cambios, estructurales, políticos y económicos que alivien la pandemia de todas las pandemias, que no es otra que la desigualdad global que azota a la humanidad.

Jorge Barrón.

OSALDE, Organización por el Derecho a la Salud. País Vasco

 

 

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