Gente mediocre que cree que nunca se equivoca

Gente mediocre que cree que nunca se equivoca

por Joan Carles March Cerdá*

Vivimos en tiempos de pandemia con un grado alto de toxicidad. La toxicidad puede hacer perder de vista la percepción que uno tiene de la realidad y de sí mismo. Estas personas tóxicas son las que se comportan como narcisistas conversacionales, personas que hablan mucho y constantemente de sí mismas, pero que no muestran ningún interés en escuchar y aprender de los demás.

La realidad es que creo y pienso que es buena y necesaria la discrepancia y el confrontar ideas siempre desde el respeto. El problema es que a veces la falta de humildad de algunos, junto a cierto ego les hace encumbrarse en una posición de prepotencia. Y claro el ego de algunos y la falta de respeto no les permite pensar que quien está delante a veces no concuerda con sus ideas. Son esos que consideramos responsables tóxicos.

Hablar de humildad y de ego y unirlas nos permite trabajar desde la humildad para combatir el ego. Y es que la humildad es una forma de sabiduría. La humildad es un modo de estar y de relacionarse que tiende a dejar espacio a los demás. La humildad es la que nos permite valorar los éxitos de los demás y los propios con un rasero similar. ¡Cuánta humildad falta en algunos de estos, que creen que nunca se equivocan, además de ser altivos, bastante mediocres, muy ostentosos y claramente intolerantes que gestionan la pandemia!

Es típico de estas personas, el no escuchar a los demás y, además, colgarse medallas que no son suyas, incumplir lo prometido o no reconocer un buen trabajo. No hay nada más decepcionante que un jefe o un responsable en este caso, que no sabe estar a la altura de las circunstancias en un momento delicado como el que estamos viviendo.

Por ello, el nivel de integridad es básico para la mejora y el cambio. Y la realidad nos dice que empezamos a no sentir las cosas con la intensidad necesaria cuando vivimos de como mediocres leales y no como brillantes críticos. ¡Cuantos de nosotros nos basamos en la mediocridad y la chapuza! Y en ese entorno, la ética, el compromiso o la confianza son valores fundamentales que se generan en el día a día, en el quehacer en los proyectos, en la vida. Y por tanto la bondad discreta y cotidiana lucha contra la chapuza y la mediocridad, tan presente en nuestros días.

El término mediocridad designa lo que está en la media, igual que superioridad e inferioridad designan lo que está por encima y por debajo. Personalmente prefiero esas personas que mantienen la empatía (cuanta falta hace en esta covid-19), esas que no se olvidan de cuando empezaron y se acuerdan de lo que entonces ellos pensaban de los de arriba. Me gustan esas personas que saben el esfuerzo que exigen porqué antes lo han experimentado desde abajo. También me gustan esos responsables que contienen sus egos y ceden el paso. Los que respetan sin escalafón. Los que lo piden todo por favor y dan las gracias.

Las instituciones, y más hoy en día, necesitan responsables que las protejan de la autocomplacencia y la arrogancia, que sean un ejemplo de cercanía, que escuchen, hagan preguntas y vuelvan a escuchar. No hay humildad que no escuche.

Los responsables humildes saben que lo importante es que la gente pueda crecer. Y la gente se siente crecer cuando aprende y cuando asume más responsabilidad. Aprender y respetarse son lo mejor que hay. Y desde una humildad militante que falta nos hace, puedan gestionar proporcionadamente el no–talento y contundentemente a los que se creen más que los demás y faltan al respeto. Sin respeto no hay comunidad. Drucker decía que es necesario ser intolerante contra la intolerancia. Necesitamos responsables humildes que también sean intolerantes contra la altivez que ofende, como la del responsable que hemos apuntado.

Y es que se pierde el respeto a esta gente altiva e intolerante porque se deja de confiar en su capacidad o en su manera de ser. Y es que el 49% de la ciudadanía denuncia las “faltas de respeto” como la principal lacra procedente de los mandos altivos y mediocres, junto a “prepotencia”, escogida por un 37%, “incompetencia” (por un 29%), “falta de apoyo” (por un 28%) o “ausencia de trato humano” (por un 25%) completan este cuadro presente en muchos de los jefes que tenemos.

Junto a ello, es importante decir que la humildad no es compatible con la ostentación. No hay nada más mediocre que un responsable ostentoso. Y es que la desmedida ambición de algunos es un problema. Pero, junto a la honestidad y la humildad, entre otras, es básico poner el heroísmo en la frente. La clave de heroísmo es tener claro que el cambio empieza por uno mismo, que es necesario planearse una posibilidad de transformar lo que hay, trabajándose el yo conmigo para poder tener un buen yo contigo y junto a ello, un nosotros. Se necesitan héroes y heroínas cotidianas que luchen contra la mediocridad y la chapuza. Para ello, es importante practicar un heroísmo discreto y cotidiano. Este es el tipo de heroísmo que necesitamos: que contagie valor, dignidad, calidad y compromiso. Para ello, es básico: coraje y talento.

Los que triunfan saben que fuera de su organización hay talento y se empeñan en crear instituciones abiertas. Creen que fuera hay quién puede innovar. Por qué se afanan por entender cómo cambia el mundo y cuáles son las tecnologías que les pueden cambiar la partitura a sus productos o servicios. Los humildes aprenden y desaprenden.

Mientras, en otros entornos, hay quien se pregunta: ¿Qué es lo que mejor se le da a una persona mediocre? Y la respuesta es sencilla: Reconocer a otra persona mediocre. Juntas se organizarán para rascarse la espalda, se asegurarán de devolverse los favores e irán cimentando el poder de un clan que seguirá creciendo, ya que enseguida darán con la manera de atraer a sus semejantes. Lo que de verdad importa no es evitar la estupidez, sino adornarla con la apariencia del poder.

En un mundo como el actual que la pandemia ha girado del revés, se requieren responsables que con humildad sepan modificar el rumbo, que no se aferren a sus pronósticos y que sepan leer antes que otros los cambios necesarios. La flexibilidad requiere humildad, saber regresar sobre las propias decisiones y los propios sermones. Solamente dudan los humildes, por eso son confiables. Los grandes desafíos requieren grandes compromisos y la altivez nunca fue la madre de compromisos consistentes.

Un consejo añadido en tiempos de pandemia:

El perdón libera muchas energías positivas y es conveniente practicarlo. Pedir perdón es un paso imprescindible para restablecer la relación de un responsable con la sociedad. Es un gesto de humildad que nos hace ganar. Todos cometemos errores y nos equivocamos. A veces cuando esto sucede nos damos cuenta rápidamente: alguna gente cuenta con un mecanismo de evaluación que pone en marcha casi de manera automática y que nos insta a pedir perdón. A veces, nuestros fallos perjudican a las personas que queremos, por contradictorio que pueda parecer. Pedir perdón tiene mucho valor y es un paso necesario para reconstruir la confianza perdida. Aunque pedir perdón, sin más, no vale mucho. Es un alivio para la persona que lo expresa e incluso puede tener un efecto paliativo para quien lo recibe, pero no repara el daño; lo importante es corregir y revertir el error, y si se ha perjudicado a personas, compensarlas.

Y junto a ello, un nuevo consejo: El poder curativo del apoyo emocional que reduce miedos y ansiedades, fomenta la expresión emocional y ayuda en la adaptación al problema creado. Mucho apoyo emocional necesitamos en estos tiempos donde la salud mental de mucha gente está afectada.

Apoyemos emocionalmente. Pidamos perdón cuando nos equivoquemos. Reparemos el daño hecho. Compensemos los perjuicios generados. Todo ello imprescindible en esta pandemia. Todo sin mediocridad.

*Joan Carles March Cerdá

  • Profesor de la EASP. Médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y Doctor en Medicina por la Universidad Autónoma de Barcelona.
  • Posee un Máster en Salud Pública y Gestión Sanitaria por la Universidad de Granada y la Escuela Andaluza de Salud Pública.
  • Cuenta en su haber con más de 150 artículos en el campo de la ciudadanía, la comunicación en salud, drogas o trabajo en equipo y liderazgo y es autor del libro Liderar con Corazón y Equipos con emoción.
  • Ha participado como ponente en numerosas conferencias y jornadas sobre salud 2.0. Posee diferentes blogs y participa en varias redes sociales. Recientemente nombrado uno de los líderes europeos Top 50 de HIMSS Future 50.
  • Ha sido Director de la EASP desde enero de 2015 hasta de septiembre de 2017.

 

 

2 Comments

  • Redacción web

    Gracias, Joan Carles por tu colaboración en un tema poco frecuentado y desde luego olvidado e ignorado por tantos de nuestros “líderes políticos y mediáticos” tan acomodados en las élites, en las poltronas de la arrogancia. Esos que nunca piden perdón cuando abusan de su cargo e influencias para caer en corruptelas que simplemente consideran privilegios inherentes a la casta. Gracias por contribuir a las aspiraciones de una sociedad democrática fundada en valores y no en intereses, que entierre de una vez para siempre los restos del fascismo.

  • Iñaki Markez

    En estos últimos meses vengo conversando bastante sobre la importancia de que los medios de comunicación y lideres de opinión (tb desde la política) trabajen más aspectos propios de educación sanitaria en la ciudadanía, así como de higiene personal y pública. Son un obligado complemento a la sesgada información de cifras y más cifras sobre afectación de la pandemia, y son carencias que arrastramos.
    Este sencillo artículo de Joan Carles, un gran amigo, apela a bajarse de las alturas a presuntos ilustres, que, en demasiadas ocasiones, se quedan en vulgares mediocres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *