Faltan médicos o los echamos?

Faltan médicos o los echamos?

Diana Antón: “No vuelvo ni loca, en Suecia tengo 30 minutos para cada paciente”. La pontevedresa trabaja como médico desde 2014 en el país: contrato indefinido y 6.500 euros netos al mes

Fuente: farodevigo.es  I. Bascoy 21.02.2018

Diana Antón se cansó de estar “agarrada a un móvil, esperando una llamada que no llegaba”. “Me desesperaba, temía olvidarme de todo lo que había estudiado en la carrera, en el MIR“, cuenta esta joven de Pontevedra, que terminó de hacer la residencia de Familiar en mayo de 2013. Era la época mala. En plena crisis económica, las bajas que se cubrían eran escasas, y ella no es la de las que valen para estar en casa mano sobre mano.

”Mi primer contrato fue en junio de 2013 de dos días sueltos, luego trabajé los meses de verano en Urgencias de Montecelo, y encadené hasta enero por una baja en Urgencias Pediátrica. Después hasta junio, trabajé cuatro o cinco día sueltos”, expone para justificar su decisión de hacer las maletas e irse a Suecia. “Mis compañeros que se quedaron lo pasan peor que yo. Ahora es mucho peor. Los machacan, los maltratan. Hay más trabajo, pero ¡en qué condiciones!”, expone Diana Antón, que estudió la carrera de Medicina en Santiago e hizo el MIR en Pontevedra.

“En mi primera entrevista de trabajo en Suecia, ya me contrataron y me ofrecieron un contrato indefinido. No me lo podía creer. Como no tenía ni idea de sueco, durante los seis primeros meses, me pasaba tres días a la semana aprendiendo el idioma y otros dos días al lado de un médico viendo cómo trabajaba. Ganaba 3.000 euros netos al mes. Ahora trabajo tres semanas al mes, ganó 6.500 euros netos al mes y veo diez pacientes al día”.

“Allí me siento médico, en Galicia no “

Diana no tiene pensado regresar a Galicia. Y podría porque los días trabajados en Suecia puntúan en las oposiciones igual que las de sus compañeros del Sergas. “En Galicia, los médicos de familia somos meros derivadores, en Suecia se valora nuestro trabajo. La Medicina de Familia puede ser muy resolutiva. En Galicia a los médicos de Atención Primaria no nos dejan hacer casi nada. Allí me siento médico, en Galicia, no. Sentía que tenía las manos atadas o cortadas”, asevera.

“En Suecia, los médicos de familia están muy bien considerados, se les considera la piedra angular del sistema sanitario, así que pueden ganar hasta 2.500 euros más que un cirujano o un cardiólogo”, afirma Diana Antón, que cuenta que ella pide electrocardiogramas, diagnostica cánceres y demencias, hace pruebas que en Galicia están reservadas para los hospitales … “En Suecia me siento realizada como médica. Ni loca me vuelvo a Galicia. Mis compañeros ven a pacientes cada 8 minutos con suerte, yo tengo media hora para cada uno, y para los casos más complicados, dispongo de 45 minutos”, asegura.

¿Qué echa de menos? “La vida social, pero cada vez menos, pues he decidido trabajar tres semanas al mes y la cuarta la paso en Pontevedra con mi familia y mis amigos”.

Diana desmonta tópicos. Suecia no es un país caro, a excepción de la capital. Paga 300 euros al mes por su alquiler, 20 euros por la luz y 20 euros por internet. “La comida es cara, el cine cuesta 15 euros y las cañas se disparan, … pero todo eso lo dejo para cuando estoy en Pontevedra”, cuenta.

Precariedad laboral en el SESGAS

La precariedad se ceba con los médicos sustitutos del Sergas: contratos de un día y jornadas de más de 24 horas. En Galicia hay cientos de profesionales que encandenan durante meses contratos de pocos días, pueden trabajar más de un día seguido y recorrer decenas de kilómetros en una jornada para desplazarse a puestos diferentes. Son médicos de familia sustitutos.

“Nos enfrentamos a un problema laboral, pero también a un problema de la calidad asistencial que los pacientes reciben en la sanidad pública gallega”, advierte el presidente del Consello Galego de Médicos, José Luis Jiménez, quien urge al Sergas medidas para poner fin a la precariedad laboral de los médicos que en Galicia hacen sustituciones.

¿Faltan médicos?  Blog de Juan Simó