Editorial: Personas mayores maltratadas

Editorial: Personas mayores maltratadas

A medida que envejecemos nos hacemos más frágiles. La edad a partir de los 65 años ya es un factor de fragilidad, a lo que se unen muchas otras circunstancias biológicas, psicológicas y sociales en variables proporciones según los diversos contextos. La persona mayor en situación de especial fragilidad puede ser víctima de malos tratos de diversa naturaleza que pueden y deben ser evitados, detectados, documentados, informados e intervenidos. La cesión socialmente responsable de los cuidados de mayores a personas e instituciones exige una cuidadosa vigilancia que venza las habituales barreras de acceso a estos nichos, frecuentemente ocultos e ignorados, de maltrato.

Ciertas noticias de maltrato a mayores aparecen regularmente en los medios que parecen no alarmar suficientemente a la sociedad para ésta se ocupe debidamente y termine con una lacra que, por permanecer habitualmente oculta, dificilmente va ha trascender, o lo hace en forma de noticia en la sección de sucesos. No estamos hablando de asuntos banales: hablamos de abandonos, agresiones, humillaciones, violaciones, sustracción de valores, incapacitaciones injustificadas, etc. de personas que por edad y otros factores debilitantes son incapaces de defenderse por si mismas.

En España, se ha observado que aproximadamente el 10-25 % de las personas mayores de 65 años presenta una fragilidad que puede constituir un factor de riesgo de malos tratos. La forma más utilizada para reconocer la fragilidad ha sido mediante la detección de la dependencia funcional, utilizando escalas de actividades básicas, instrumentales y avanzadas de la vida diaria. La fragilidad biopsicosocial ocasiona la progresiva pérdida de autonomía y aumento del grado de dependencia. A mayor dependencia física, psicológica o económica, mayor riesgo de sufrir maltrato, a menudo oculto en nichos inaccesibles a la observación diagnóstica de las personas o los equipos sociosanitarios que pudieran tener constancia de los mismos y tratar en consecuencia de poner remedio. En consecuencia, la detección precoz de discapacidad y dependencia funcional evitará la necesidad de cuidados a largo plazo. Más aun, la detección de los factores que conducen a dichas situaciones evitarán o retrasarán su aparición.

El año 2002 tanto la ONU como la OMS se propusieron estudiar el fenómeno de los malos tratos en las personas mayores, una dolorosa realidad que se ha estimado que lo sufren en el mundo una de cada seis personas de edad superior a los 65 años.  El 15 de junio se declaró Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. En varios países y comunidades se están realizando estudios para evaluar esta realidad y desarrollar protocolos con el objetivo de prevenir, detectar y corregir las situaciones de riesgo y malos tratos.

“Se definen los malos tratos a mayores como la acción única o repetida, o la falta de la respuesta apropiada, que causa daño o angustia a una persona mayor y que ocurre dentro de cualquier relación donde exista una expectativa de confianza” (OMS, 2002). En la CAPV el Gobierno Vasco realizó un estudio sobre la incidencia y características de los malos tratos en Euskadi, resultando que entre un 0,9 y un 1,5% de personas mayores se sospecha sufren malos tratos según la percepción de los observadores.

Para estudiar este fenómeno y desarrollar un protocolo de actuación se formó en la CAV un amplio equipo de trabajo formado por expertos en ética asistencial, Medicina forense, Gerontología, Atención Primaria, Servicios Sociales, Residencias, etc. Se propusieron los siguientes objetivos:

  • PREVENIR malos tratos físicos o económicos en personas mayores a través de la detección de factores de riesgo en los mismos.
  • DETECTAR indicadores de la existencia de malos tratos y valorar la gravedad de los mismos en tres niveles: Situación grave, muy grave e intervención inmediata.
  • INTERVENIR en las situaciones de riesgo detectadas, con orientaciones para cada nivel.

Las conductas que provocan malos tratos a las personas mayores pueden ser de diversa naturaleza:

  • Excesos en la atención: Sobre-tratamiento medicamentoso, forzar la movilidad sin expectativas razonables de conseguirlo, etc
  • Defectos en la atención: Falta de atención, valoración equivocada o incompleta de las necesidades de la persona mayor, contenciones no justificadas, tratamientos no controlados, ausencia de atención buco-dental, alimentación insuficiente, etc
  • Negligencia: Actos de omisión, intencionados o no, en la atención de las necesidades vitales.
  • Mala gestión de sus recursos económicos: Morosidad habiendo recursos, despilfarro, etc
  • Errores de tratamiento de enfermedades físicas o síntomas como el dolor.
  • Abandono y falta de protección de la persona mayor por parte de la persona cuidadora o centro asistencial.
  • Engaños, amenazas o franco maltrato: Manipulación, intervención en negocios, herencias, golpes, abofeteado, etc.

La prevención de los malos tratos se basa en la detección de factores de riesgo mediante la observación por parte de cualquier profesional de la Atención Sociosanitaria o bien a partir de lo relatado por la misma persona. Al efecto se han desarrollado unos protocolos y formularios para registrar y valorar los diferentes factores libres de valoraciones subjetivas. Cuando persona presenta dos o más factores de riesgo el protocolo exige que sea valorada por otro/s profesionales ajenos al ámbito donde se desarrolla la atención, e informe a la persona solicitando su consentimiento para comprobar la presencia de daños de cualquier naturaleza biopsicosocial o económica. Se aplica en tales casos un procedimiento documentado y confidencial que permite la valoración y la toma de decisiones, como: Registrar, valorar, informar, comunicar e intervenir, señalando en cada caso el tipo de intervención que procede, según indicadores y gravedad.

Se consideran tres clases de indicadores de riesgo: Generales, físicos, económicos y sociales.

  • Indicadores generales pueden observarse en la persona, por ejemplo, su progresivo deterioro de la persona sin una causa aparente, o del entorno, como es la falta de condiciones de habitabilidad, o las muestras de evidente abandono.
  • En la persona también podemos constatar lesiones de probables contenciones o agresiones, alimentación forzada, actitud de miedo, sumisión, etc. O indicadores de riesgo de maltrato económico, como son la apropiación de las pertenencias u objetos de valor, la solicitud injustificada de incapacitación legal, la inducción a cambios en el patrimonio o la herencia.,

En cuanto a la intervención, depende si la valoración del caso determina su clasificación como grave, muy grave o de intervención inmediata. En cualquier caso, tras la valoración procede la redacción de un informe confidencial y la intervención socio-sanitaria a fin de disminuir los factores de riesgo y mejorar los indicadores. En los casos muy graves, si hubiera daños físicos habría que añadir a lo anterior la elaboración y emisión al juzgado de un parte de lesiones, mientras que si hubiera daño económico, también se incluiría la denuncia a la fiscalía. Lo que se haría inmediatamente en situaciones de especial gravedad, según la puntuación obtenida.

Quizás cada cual se consuela con la idea de que nuestros mayores están bien atendidos. Y esto probablemente sea cierto en una gran proporción de los casos, como lo demuestran ciertos estudios piloto y estadísticas. Y en este sentido podemos considerarnos relativamente mejor que otras comunidades cercanas a la nuestra. Pero es también cierto que se han detectado evidencias de que existen nichos sociales de maltrato a las personas mayores, especialmente a las más frágiles y vulnerables, tanto en los propios domicilios y en el seno familiar como en instituciones como Residencias y Centros de día, y que puede ser muy dificultoso acceder a ellas por la existencias de ciertas barreras, en ocasiones situaciones de verdadera reclusión involuntaria.

Corresponde a las personas más cercanas, tanto familiares, amistades o vecinos como instituciones socio-sanitarias, Equipos de Salud y Servicios Sociales estar vigilantes y aprovechar al máximo los encuentros con mayores, en la consulta médica o de enfermería, en las visitas domiciliarias y a residencias, centros de día o clubs sociales, en las relaciones institucionales en los Servicios Sociales y demás entornos donde se encuentren para la atenta observación de posibles factores de riesgo o señales de malos tratos, aplicación de los protocolos correspondientes y práctica de las intervenciones que correspondan en cada caso.

Procedimiento de PREVENCIÓN Y DETECCIÓN de malos tratos físicos y económicos a PERSONAS MAYORES en la CAPV

Por: Redacción Osalde 

 

 

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