Crítica del libro “Capital e ideología” de Thomas Piketty

Crítica del libro “Capital e ideología” de Thomas Piketty

Fuente: Comentario bibliográfico por Luis Palomo Cobos. Doctor en medicina; médico de atención primaria; activo en investigación y en la defensa del Sistema Nacional de Salud.

Thomas Piketty, “Capital e ideología”. Barcelona: Editorial Planeta, 2019 Comentario bibliográfico: Luis Palomo

(o de la oportunidad perdida por la “izquierda brahmánica” al socialismo participativo y al federalismo social)

Cuando se publicó este libro todavía no había estallado la pandemia por el coronavirus covid-19. De Thomas Piketty,haberlo escrito después, Piketty podía haber añadido el análisis de sus consecuencias a los muchos obstáculos que jalonan la historia en contra del desarrollo de sociedades más igualitarias, porque, como la propia historia nos enseña, serán los más desfavorecidos los más perjudicados, tanto por las consecuencias de la enfermedad, como por la esperable crisis económica posterior a la pandemia.

Las pruebas nos indican que el progreso humano en los tres últimos siglos de historia no ha sido lineal. Si se analizan las experiencias pasadas se llega a la conclusión de que la humanidad goza hoy de mejor salud de la que nunca antes había tenido; y también disfruta de un acceso a la educación y a la cultura como en ningún otro momento. Sin embargo, a lo largo de la historia ha habido fases de regresión desigualitaria y de retrocesos sociales. Ahora, y desde la década de 1980-1990, han aumentado las desigualdades socioeconómicas en la mayoría de regiones y países del planeta.

Para Piketty, si no somos capaces de reducir las desigualdades y de construir un estándar de justicia económica que sea aceptado por la mayoría, tampoco podremos imaginar soluciones para otros desafíos de nuestro tiempo, como el cambio climático o la presión de las migraciones (o las consecuencias de enfermedades epidémicas, se podría añadir).

El libro es un compendio de ciencias sociales, de historia, de política y por supuesto de economía. Su estructura, cadencia argumental y lenguaje, apoyados en numerosas y bien explicados gráficos y tablas, permiten una lectura fluida y comprensible incluso para no iniciados.
Todo el análisis de Piketty está apoyado en datos sólidos. Así por ejemplo, cuando compara la participación del 10 % de la población con más renta (el decil superior) en la renta nacional total en varias regiones del mundo, se observa que esa participación era de entre el 26-34 % en 1980 y ha subido al 37-56 % en 2018, y que el aumento de las desigualdades es generalizado en todos los niveles de desarrollo, aunque su amplitud varía de unos países a otros: es mayor en EEUU que en Europa y en la India que en China.

En el total mundial, las desigualdades entre 1980-2018 siguen lo que Piketty llama “la curva del elefante”: el 50 % de los habitantes del mundo con menor renta (la 2 grupa del elefante) han incrementado su poder adquisitivo, captando el 12% del crecimiento (gracias, sobre todo, a la irrupción de los países emergentes); el 1 % de las rentas más altas han captado el 27 % del crecimiento (la trompa), en cambio, las clases medias y populares de los países ricos se han descolgado con crecimientos más modestos. Desde 1980 se ha producido una desigualdad patrimonial extrema en todos las partes del mundo.

La acumulación de los más ricos crece 3-4 veces más rápidamente que el conjunto del crecimiento económico. Estas desigualdades no pueden prolongarse de manera indefinida. Los oligarcas rusos, los petromillonarios de Oriente Próximo, los multimillonarios chinos, mexicanos, guineanos, hindúes o indonesios; los empresarios europeos, estadounidenses o californianos todavía creen que merecen más recompensa, incluso que el planeta tiene una deuda moral con ellos por su hipermeritocracia, que debería transformarse en una deuda financiera contante y sonante y en una cesión de nuestro derecho al voto. Esta justificación de las desigualdades alcanza el chantaje cuando afirman que su cuestionamiento ocasionaría un efecto dominó que acabarían pagando los más pobres y el conjunto de la sociedad.

La justificación de las desigualdades a lo largo de la historia lleva a Piketty a analizar los regímenes e ideologías desigualitarias, con una perspectiva comparada y de largo plazo, hasta el actual régimen neo propietarista que conserva huellas de todos los regímenes anteriores Para Piketty la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de las ideologías y de la búsqueda de la justicia. Los cambios históricos se producen cuando la evolución del pensamiento colectivo y la lógica de los acontecimientos van de la mano: uno no puede hacer nada sin el otro. Esta sintonía propició que durante el siglo XX la medida más importante puesta en marcha en EEUU y en Europa occidental para reducir las desigualdades fuera el desarrollo a gran escala de un sistema de impuestos progresivos sobre la renta y sobre las herencias.

El tipo marginal máximo del impuesto sobre la renta en EEUU entre 1990 y 1932 era del 32 %, en promedio, frente al 81 % entre 1932-1980 y al 39 % entre 1980-2018. Algo similar ocurrió, en los mismos periodos, en Reino Unido, Francia y Alemania. Es decir, la progresividad fiscal fue máxima a mediados del siglo XX y cayó en picado a partir de 1980 con la revolución conservadora de R. Reagan y de M. Thatcher. Esta involución conservadora ha tenido un impacto extremadamente negativo en los procesos de construcción de los Estados y de una fiscalidad legítima global. La libre circulación de capitales sin control y sin intercambio de información entre administraciones fiscales, es decir la falta de transparencia financiera internacional, ha golpeado las políticas de igualdad en los países ricos y, sobre todo, en los países pobres.

En este tiempo, las coaliciones socialdemócratas hegemónicas en la post guerra han sido incapaces de promover a escala transnacional tanto la problemática de la progresividad fiscal como la noción de propiedad privada temporal, que sería el destino 3 de las grandes fortunas si se aplicase un impuesto suficientemente progresivo. Esta limitación programática, intelectual e ideológica es una de las razones de fondo que explican el agotamiento actual de las políticas hacia la igualdad y el aumento de las desigualdades.

Las sociedades desigualitarias en la historia El libro analiza los regímenes desigualitarios en la historia (y la elaboración de sus correspondientes discursos auto justificativos por las élites de cada momento), desde las sociedades ternarias o trifuncionales (clero, nobleza, pueblo llano), pasando por las sociedades estamentales (élites militares, intelectuales) y por las sociedades propietaristas. También analiza las sociedades esclavistas y coloniales y su influencia en sociedades trifuncionales no europeas, como en el caso de la sociedad de castas de la India.

En el siglo XX estudia la caída de las sociedades propietaristas como consecuencia de las dos grandes guerras mundiales, de la crisis de 1930, del comunismo, de los movimientos de independencia de las colonias y de las movilizaciones colectivas socialdemócratas y sindicales. Los logros y las limitaciones de las sociedades socialdemócratas posteriores a la segunda guerra mundial le llevan a definir lo que se entiende por propiedad justa, cómo hacer frente a la desigualdad en el acceso a la educación superior y cómo extender la redistribución de la riqueza a escala transnacional. Finaliza este análisis poniendo de manifiesto la contribución de los regímenes comunistas y post comunistas a alimentar las derivas desigualitarias e identidatarias recientes (nativismo), así como el fracaso del hipercapitalismo mundial para darse cuenta de la crisis desigualitaria y medioambiental que puede socavar sus propios cimientos.

El análisis de la evolución de la estructura socioeconómica del electorado de partidos políticos y movimientos desde mediados del siglo XX en adelante es revelador. Sobre todo las condiciones históricas que facilitaron la aparición de las coaliciones electorales igualitarias, basadas en programas redistributivos atractivos para clases populares de diferentes lugares, así como su posterior desaparición, en un proceso que denomina de desagregción-gentrificación-brahmanización de la socialdemocracia de postguerra y en la aparición de las derivas identidatarias y social-nativistas de comienzos del siglo XXI.

El libro termina proponiendo un socialismo participativo para el siglo XXI en base a lo que denomina propiedad justa, que se basaría en el reparto real del poder y del voto en las empresas (propiedad social); en un impuesto fuertemente progresivo sobre la propiedad y en una forma de propiedad temporal y de circulación permanente del patrimonio. Además, promueve garantizar una justicia educativa y fiscal a través de la transparencia y del control por parte de los ciudadanos, así como una democracia justa y unas fronteras justas (solidaridad fiscal, social y medioambiental que reemplace a los actuales tratados de libre circulación de bienes y de capitales, que son los verdaderos
gobernadores del mundo).

La “izquierda brahmánica” La oportunidad perdida por la “izquierda brahmánica” podría ser el subtítulo de la parte del libro que Piketty dedica al divorcio entre la izquierda electoral y las clases populares, porque la izquierda electoral ha pasado de ser el partido de los trabajadores al partido de los titulados (lo que Piketty llama la “izquierda brahmánica”, en referencia a la dimensión intelectual y civilizadora de los dominadores brahmanes hindúes).
De forma consistente, en varios países, se da un cambio social similar al de, por ejemplo, el ocurrido en Francia. En 1956 el resultado electoral de los partidos de izquierda (socialistas, comunistas y radicales) fue 17 puntos inferior entre los votantes con estudios de educación superior que entre los demás votantes; en 2012 ese resultado fue 8 puntos mejor entre los votantes con estudios superiores, tendencia que se mantiene tras controlar por edad, sexo, situación familiar, renta y riqueza. En Francia, en las elecciones habidas entre 1956-2017, se comprueba que en los años 1950-1960 el voto a la izquierda era más elevado entre los electores sin estudios o con estudios primarios,
seguido por los electores con estudios de educación secundaria y superior; en las décadas de 2000 y 2010 la situación es exactamente la opuesta.

Esta divergencia entre las clases populares y la “izquierda brahmánica” también afecta a la organización del sistema educativo, donde los hijos de las clases favorecidas están sobre-representados en las grandes escuelas y en los centros superiores, los cuales reciben una financiación pública por alumno entre 2 y 3 veces superior a la financiación de los itinerarios universitarios habituales.
Con el fin del comunismo soviético, las posturas antagónicas en torno a la propiedad privada, la expansión educativa y la aparición de la “izquierda brahmánica” han transformado el panorama político e ideológico. Así por ejemplo, el programa de los partidos de de izquierda basado en las nacionalizaciones (sobre todo en Francia y en el Reino Unido) desapareció sin ser sustituido por un programa alternativo. En su lugar ha surgido un sistema de élites múltiples, con una “izquierda brahmánica” capaz de atraer el voto de los electores con un mayor nivel de estudios y una “derecha de mercado” que continúa recibiendo el apoyo de los electores con mayor renta y riqueza.

La “izquierda brahmánica” y la “derecha de mercado” comparten valores y experiencias comunes, como un conservadurismo hacia el actual régimen desigualitario. La “izquierda brahmánica” cree en el esfuerzo y el mérito académico; la “derecha de mercado” cree en el esfuerzo y el mérito en los negocios y en la acumulación de capital financiero. La “izquierda brahmánica” defiende un nivel de impuestos mayor que la “derecha de mercado”, pero ambos grupos comparten un fuerte apego por el sistema económico actual y por la globalización tal y como está organizada actualmente. Un sistema que beneficia tanto a las élites intelectuales como a las económicas y financieras.

Incluso con las políticas socialdemócratas se ha producido una creciente cesión gratuita de los títulos de propiedad de los bienes públicos a favor de los más ricos, por el mecanismo de reducir impuestos a los más ricos, los cuales utilizaban esa misma cuantía de reducción para comprar bienes públicos privatizados. Por no hablar de cómo el endeudamiento público desde los años 80 y 90 del siglo XX ha sido una estrategia deliberada orientada a reducir el peso del Estado. La “izquierda brahmánica” y la “derecha de mercado” pueden alternarse en el poder o gobernar juntas como parte de una coalición de élites; encarnan dos formas de legitimidad a la hora de gobernar y representan una especie de vuelta a la lógica de las sociedades trifuncionales, donde las élites guerreras han sido reemplazadas por las élites de mercado, y donde el Estado centralizado garantiza la seguridad de la propiedad y delas personas.

Este equilibrio político es extremadamente precario y presenta varias líneas de fractura. El primero es el fenómeno de la disminución de la participación de las clases populares en el proceso electoral. Por otro lado, lo que queda de la “izquierda electoral”está fragmentado entre un centro izquierda pro-mercado y una izquierda pro-redistribución, más radical y más inclinada a la reducción de las desigualdades. La derecha electoral también está dividida entre un centroderecha pro-mercado y una derecha nativista y nacionalista que ve en el repliegue identidatario y en el social-nativismo anti-inmigrantes la solución a los excesos del sistema económico mundial.

Todas estas construcciones políticas, ideológicas y electorales pueden observarse en distintos países. Por ejemplo, el comportamiento del electorado del partido demócrata en los EEUU sería equivalente al de la denominada “izquierda brahmánica” en otros países; ejemplos de social-nativismo los tenemos en Italia, en Brasil y en la India.

El análisis de las tensiones que tienen lugar actualmente en Europa (chalecos amarillos, Brexit,…) lleva a Piketty a afirmar que mientras la Unión Europea no esté al servicio de una política de justicia social y fiscal clara y visible (como un impuestoeuropeo sobre las rentas y las riquezas más elevadas), resulta complicado aventurar un final al divorcio radical entre las clases populares y la construcción europea.
Federalismo social y socialismo participativo Para superar la trampa social-nativista emergente en Europa, la solución más natural sería desarrollar una fórmula de federalismo social basado en el internacionalismo y en un federalismo democrático que promoviese la redistribución dela riqueza y la justicia social. Piketty propone, por ejemplo, extender a las cuestionesfiscales y presupuestarias la regla de la mayoría cualificada; transferir el poder de votosobre fiscalidad al Parlamento Europeo; ir a una Asamblea Europea compuesta por
miembros de los parlamentos nacionales en un 80 % y el resto por miembros del Parlamento Europeo.

Las desigualdades dentro de cada país europeo son mucho mayores que las desigualdades entre países (en renta per cápita en los países de la zona euro), por eso las clases populares y medias de todos los países, incluido Alemania, ganarían mucho con una mayor justicia fiscal (gravar más a las grandes empresas, a las rentas más altas, a los mayores patrimonios y a los mayores emisores de carbón). También propone unificar el tipo de refinanciación de los Estados para el total o para una parte de sus deudas públicas.

Defiende que, Constitucionalmente, se arbitren límites legales para que los impuestos pagados por los ciudadanos más ricos no supongan una proporción de sus rentas y propiedades inferior a la de los más pobres. A partir de una escala de múltiplos del patrimonio medio, propone una escala de tramos progresivos de tipos impositivos efectivos sobre la propiedad, y otra escala sobre el impuesto de sucesiones. Esta recaudación conjunta se destinaría a la financiación de capital a cada joven de 25 años de edad. De forma similar, para financiar la renta básica y el Estado Social y ecológico propone tipos impositivos efectivos progresivos en función de una escala de múltiplos de la renta media.
Como los impuestos indirectos como el IVA no permiten que la carga fiscal se distribuya en función del nivel de renta o de patrimonio, deberían ser sustituidos por impuestos sobre la renta o la propiedad, salvo aquellos destinados a corregir externalidades (impuestos sobre el carbón, por ejemplo).

Convencido de que la inversión temprana en la educación primaria y secundaria es la que más probabilidades tiene de corregir las desigualdades en el rendimiento escolar entre los niños de diferentes orígenes sociales, propone una vasta democracia transnacional, la puesta en marcha de impuestos comunes y justos y el desarrollo de un derecho universal a la educación, a la dotación de capital, a la generalización de la libre circulación y a la abolición casi total de fronteras.

La globalización, tal y como se ha desarrollado a partir de las décadas de 1980 y 1990 se encuentra en crisis y en proceso de redefinición. Las frustraciones que ha creado el aumento de las desigualdades han llevado a las clases trabajadoras y medias de los países ricos a desconfiar de la integración internacional y del liberalismo económico sin límites. En Europa, en EEUU, en Brasil, en la India, las tensiones han contribuido a la aparición de movimientos nacionalistas e identidatarios que alimentan el cuestionamiento y la desorganización de las relaciones económicas internacionales: la competencia del todos contra todos y el dumping fiscal y social y el recrudecimiento identidatario y autoritario contra minorías e inmigrantes. Hasta ahora la “izquierda brahmánica” no ha sido capaz de revertir estas tendencias cuando ha tenido el poder, por lo que ha perdido poco a poco el crédito de las clases populares. Ante el fracaso de ideologías basadas en el liberalismo y en el nacionalismo, sólo el desarrollo de una sociedad participativa e internacionalista, apoyada en una organización cooperativa de la economía y en el federalismo social puede permitir que se resuelvan los conflictos actuales.

Las organizaciones internacionales, el planeta, la Unión Europea han visto agudizadas sus tensiones internas con motivo de las crisis migratorias y la reciente pandemia por el coronavirus covid-19. Solo un exceso de optimismo nos puede llevar a pensar que las clases dirigentes van a extraer enseñanzas de estas crisis como para comprender el efecto de las desigualdades. Si se animan a entenderlo, en el libro de Piketty pueden encontrar argumentos suficientes para medir las consecuencias nefastas de organizaciones sociales desigualitarias y para proponer mecanismos e iniciativas para superarlas.

Luis Palomo

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