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Ante todo no hagas daño, Henry Marsh, 2016

ANTE TODO NO HAGAS DAÑO

HENRY MARSH, , 2016

 Nº de páginas: 352 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: S.A. SALAMANDRA (PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA)
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788498387209

Fuente: culturamas.es 

Tan solo una cita subrayada:

Debe de existir un sitio secreto en el hospital al que pueden llevar a los pacientes paralizados y en silla de ruedas a fumar un pitillo. Me alegró saber que el sentido común y los buenos sentimientos seguían reinando entre las enfermeras.

Henry Marsh (Oxford, 1950), un experto y cualificado neurocirujano, presta atención a la labor de las enfermeras, que incluso saltan por los aires las normas de educación, y no digamos ya las reglas de lo legal, con tal de dar un placer insano a un paciente. Porque sabe que son ellas, las enfermeras, las que resisten junto a los pacientes. Su especialidad le lleva a tratar con cerebros y médulas enfermas. Cuando atiende a los pacientes, estos ya están sedados y con frecuencia ya se les ha abierto la llaga y se ha limpiado de sangre la región donde serán operados. Luego se procede a un trabajo minucioso, en el que las reglas de la precisión son las mismas que las de un relojero. Pero Marsh no es sólo un neurocirujano que trabaja en el mejor hospital de Londres. Marsh se niega a considerar que su trabajo, por frío que resulte, sea meramente quirúrgico. De ahí que ponga su corazón al desnudo en este extraordinario libro de relatos verídicos. Al estilo de Oliver Sacks, pero con la dificultad añadida de que no trata tan directamente con el paciente, ni los casos escogidos son ya de por sí toda una novela, Marsh se cita con lo más importante de su biografía, que es lo vivido. Hay menos tiempo de trato con el paciente, y un poco más, eso sí, de entrega a las familias. Pero a partir de ahí reivindica o se reconoce como un ente sensible. Marsh no sólo humaniza lo quirúrgico: consigue también que sea una experiencia de aprendizaje, con el más puro sentido renacentista.

La felicidad personal, ese concepto confuso pero ese sentimiento tan claro, pasa por hacer felices a los demás. Esta afirmación solo pueden ponerla en duda los que carecen de sensibilidad, es decir, los idiotas. Pero Marsh sabe que durante las horas que pasa en el quirófano tiene que pensar en el paciente como objeto, aunque solo sea para mantener el pulso. De ahí surgen momentos divulgativos acerca de su labor –nos da a conocer toda suerte de tumores en el cerebro-, que no pierden su toque gore para los vientres blandos. Esas regiones de cada relato están en función de la memoria, de la necesidad de expresar por qué es tan importante el resto de cada episodio. Y aquello que es tan necesario como para llevarle a la literatura, es la dificultad de tomar una decisión. Al fin y al cabo, de eso se trata este libro. De las decisiones impuestas, las imposibles, los riesgos en cada decisión, la entereza para sostenerla, la aceptación de los errores y las limitaciones de lo humano. Por mucho que haya estudiado, por mucha experiencia que tenga en ser el mejor en su oficio, un trabajo frío, de precisión, en el que la ciencia es la madre de todas las batallas, Marsh sabe que no domina las certezas de la ciencia. Porque nada es predecible.

Marsh reivindica formar parte de la humanidad, pese a dedicarse a salvar vidas, y para ello quiere sentirse uno más de la familia de los hombres. Al igual que a cualquiera de nosotros que tenga un poco de compasión, le afecta más un error que cien aciertos. Pues se supone que nos hemos preparado para no fallar nunca. No cabe ser más honesto de lo que lo es Marsh, expresando pasión por la neurocirugía como algo puesto al servicio de la gente humilde. Este anciano médico, a punto de jubilarse, que se pasea por Londres en una bicicleta pleglable, nos da toda una demostración, en este libro fantástico, de lo que es la alegría de vivir. O al menos la alegría de querer vivir o de haber vivido. Y para nuestra sorpresa lo hace con la convicción de quien conoce mejor que nadie no ya el oficio de la literatura, sino el placer del lector, pues quien comience a leer este libro no podrá soltarlo hasta la última página.

Entrevista a Henry Marsh, por Mónica Lalanda

Fuente: sietediasmedicos.com

«No sé cómo será la medicina en 50 años, pero los pacientes serán iguales»

Henry Marsh dibujoMónica Lalanda
– ¿Cree que haber realizado diferentes estudios antes de empezar Medicina le ha hecho un médico más reflexivo?
– Sin duda. Creo que el sistema americano, con estudiantes de medicina que son postgraduados en otras materias, es muy bueno.

– ¿Qué le parece incluir aspectos no médicos en la formación de un médico?
– Creo que es más útil adquirir experiencias ajenas a la medicina, por ejemplo trabajando en algo no médico, es mejor que simplemente aprenderlas. Tengo mis dudas sobre el sistema americano de enseñar humanidades médicas en las facultades de medicina.

– En su libro trata mucho el tema del final de la vida. Con toda su experiencia acumulada, ¿se atrevería a definir lo que sería a día de hoy “una buena muerte”?
– Nunca es buen momento para morir, siempre parece demasiado pronto o demasiado tarde…
Una buena muerte es morirse sin tener que arrepentirse de demasiadas cosas o, en otras palabras, una buena muerte tiene que ver más con cómo hemos vivido y si estamos satisfechos con lo que dejamos atrás.
Si bien es cierto que deberíamos evitar el ensañamiento terapéutico en los ancianos, el cálculo de probabilidades entre riesgo y beneficio de seguir tratando y entre riesgo y beneficio de permitir que la naturaleza siga su curso, es muy difícil.
Creo que la eutanasia debería ser una parte importante de la práctica médica, pero atención, que me refiero al derecho de los pacientes a decidir cuándo acabar con nuestras vidas, no al derecho de los médicos a matarnos. Aunque creo que la mayoría nos echaríamos atrás a la hora de hacerlo.

– Si pudiera retroceder con una máquina del tiempo y rencontrarse con el joven Henry Marsh al principio de su carrera como médico, ¿qué consejo le daría?
– Le diría que no se precipite a la hora de tomar decisiones difíciles, que se tome su tiempo, que reflexione con calma.

– En su libro habla mucho sobre la toma de decisiones compartidas con los pacientes y sobre el consentimiento informado. ¿Cree que era más fácil para los pacientes cuando practicábamos una medicina más paternalista?
-Personalmente estoy totalmente en contra del paternalismo, pero acepto que algunos pacientes lo prefieran, aunque en los países más ricos probablemente cada vez son menos. También sé que como pacientes queremos que se nos guíe, apoye y aconseje y que no se nos dé solo una descripción abstracta o neutra de las opciones que tenemos.

– Es usted increíblemente abierto respecto a los errores médicos que ha cometido, algo que no es frecuente. En España vivimos aún inmersos en la cultura de tapar el error médico. ¿Existe una manera de cambiar esto?
– Solamente a través del ejemplo de los médicos más mayores.

– ¿Cree que en las últimas décadas han cambiado las expectativas que tiene la sociedad de la medicina y los médicos?
-Sí, al menos en Reino Unido los medios de comunicación son cada vez más críticos con los médicos y han dejado de mostrar una deferencia automática hacia nosotros.

– Si tuviera que volver a empezar, ¿volvería a ser neurocirujano?
– Esta pregunta es siempre de difícil respuesta. La neurocirugía ha cambiado mucho en las últimas cuatro décadas y yo he cambiado mucho también. Teniendo en cuenta todo eso, diría que sí.
Sin embargo dudo que volviera a estudiar medicina teniendo en cuenta los problemas actuales del mundo. Deberíamos gastar mucho menos dinero en mantener vivas cada vez más y más tiempo a las personas mayores (¡como yo!) y ese dinero se debería invertir en mayor educación y mejor crianza para los niños, que son nuestro futuro. Creo que ahora los niños están tremendamente descuidados.

– En el libro menciona sus trucos para “separar” el procedimiento y el paciente antes de operarle. ¿Realmente funciona?
-En parte sí. Uno no podría, y tampoco debería, deshacerse del todo de la ansiedad que se siente, pero sí es importante poder controlarla.

– No parece muy aficionado a tener médicos en formación en quirófano. A pesar de esto, ¿es usted popular entre ellos?
No, espero que se equivoque. Valoro muchísimo la relación con los médicos residentes y me siento muy orgulloso de ser, según dicen, un buen profesor. Me mantengo en contacto con muchos de ellos aquí y en Estados Unidos. Y mi trabajo en Nepal, Ucrania, Albania, etc. es sobre formación.

– ¿Tiene algún hobby especial que le haga abstraerse del trabajo?
-Sí, fabrico muebles y soy un manitas en casa con los arreglos y el mantenimiento, además me dedico a la apicultura. Procuro salir a correr todos los días, unos 40 Km a la semana, también hago pesas, etc. Claro que cada vez es más difícil según uno se hace mayor.

– ¿Cómo cree que será la medicina en 50 años?
– No sé cómo será la medicina, pero los pacientes serán iguales.

 

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AQuAS “hace agua”

La Agencia Catalana de Calidad y Evaluación de Tecnologías (AQuAS) pierde toda credibilidad: solo se aceptan recomendaciones que no vayan en contra de los intereses económicos de las sociedades científicas

Fuente: nogracias.eu

La Agencia de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (AQuAS) rechaza sin criterios científicos la recomendación de “evitar el contacto comercial con la industria por parte de los profesionales” realizada por el Grupo de Ética de la Sociedad Catalana de Medicina de Familia (CAMFIC).

Es una recomendación propuesta por el Grupo de Ética para ser incluida dentro del proyecto Essential cuyo objetivo es identificar prácticas profesionales de poco valor.

AQuAS debe rectificar si no quiere desacreditar todo el trabajo realizado ya que con esta negativa está aceptando implícitamente que solo se están identificando aquellas recomendaciones de “no hacer” que no vayan contra los intereses corporativos de las sociedades científicas .

Los antecedentes

La Agencia de Qualitat i Avaluació Sanitàries de Catalunya (en adelante AQuAS) desarrolla e impulsa desde hace años el proyecto Essencial, que pretende “añadir valor a la práctica clínica, identificar prácticas clínicas de poco valor y promover recomendaciones con la finalidad de evitar su realización”.

Para identificar estas prácticas, AQuAS recibe propuestas de las sociedades científicas, los planes directores y la comunidad profesional. Prioriza las recomendaciones recibidas “según criterios de prevalencia y peso de la enfermedad, frecuencia de utilización, riesgo/beneficio desfavorable, impacto en la organización y preferencias de los pacientes, siempre teniendo en cuenta que estén en consonancia con el Plan de Salud, los planes directores y las sociedades científicas”.

En abril de 2015, el grupo de ética de la CAMFiC envió a Essencial una recomendación de “no hacer”:

“Los profesionales sanitarios con actividad asistencial no deberían recibir información directa sobre fármacos por parte de las industrias que los comercializan, ni tampoco regalos o ayudas en formación de las mismas”.

Las evidencias

Hay suficientes evidencias para hacer esta propuesta. Por ejemplo, en esta revisión de 2010, los autores no encontraron ninguna evidencia de que el contacto de los médicos con la industria fuera beneficioso para los pacientes sino al contrario.

Este artículo publicado en JAMA of Internal Medicine en 2016 demostrada la capacidad de influencia de las prácticas comerciales de la industria: por cada 1000 dólares invertidos en forma de comidas, regalos y pago de viajes, cursos e inscripciones a congresos, aumentaba un 0,1% la prescripción de hipolipemiantes de marca (que como se sabe no son superiores a los genéricos pero sí más caros y que cuentan con menos experiencia clínica y, por tanto, más inseguros)

La última revisión publicada en el BMJ Open en septiembre de 2017 vuelve a concluir la existencia de una asociación entre las interacciones comerciales y una prescripción de peor calidad

En octubre de 2017, se publicaba en Plos One otro estudio que vinculaba pagos de la industria a médicos con el incremento del número de prescripciones por paciente, un precio más elevado y un porcentaje superior de fármacos de marca.

Evitar los contactos comerciales con la industria es especialmente importante para los estudiantes de medicina y los médicos en formación. En NoGraciasse realizó un revisión al respecto, destacando la publicada en 2014 que concluía:

Entre los participantes, nuestro estudio mostró una asociación entre las actitudes positivas de los residentes hacia las interacciones con la industria, un menor conocimiento sobre prescripción basada en la evidencia y una mayor inclinación a recomendar medicamentos de marca. Las políticas que intentan evitar el contacto de los residentes con el marketing farmacéutico son capaces de obtener mejores resultados educativos.“

También hay datos sólidos que vinculan políticas estrictas de los centros docentes para evitar dicho contactos con prácticas futuras más independientes y críticas por parte de los médicos, un objetivo obvio de la educación médica.

Un editorial reciente en AMF firmado por el coordinador del Grupo de Trabajo de Bioética de la SEMFYC y presidente de NoGracias, Abel Novoa, planteaba que cualquier estrategia dirigida a preservar la independencia profesional mejora la seguridad de los pacientes:

“Porque, como en seguridad, no sirve reconocer que las influencias existen … Se trataría de asumir que los procesos de toma de decisiones profesionales, individuales y colectivos, son vulnerables a poderosas influencias capaces de distorsionar los fines de la medicina.. Por eso, la independencia profesional hay que plantearla como una estrategia de seguridad de los pacientes”

En dicho texto se destacaba que preservar la independencia profesional no es exclusivamente un problema profesional sino institucional:

“Garantizar la independencia profesional no es principalmente un problema médico individual, sino institucional y social. Se necesitan instituciones profesionales fuertes, comprometidas en la protección del juicio médico y la objetividad del conocimiento”

Es decir, la recomendación del Grupo de Bioética de la CAMFIC de evitar el contacto de los profesionales con la industria no solo contaba con suficientes evidencias acerca de sus potenciales beneficios sino que iba en la línea de implicar a las instituciones en la protección del juicio y la independencia profesional. Parece un objetivo obvio de una agencia de calidad.

El asunto

Pues bien, la respuesta de la agencia catalana ante un requerimiento tan fundamentado es increíble. Como denuncia el Grupo de Bioética de CAMFIC, tras más de 2 años de “marear la perdiz”, la Agencia ha decidido no incluir esta recomendación en su repositorio por:

“la falta de consenso que ha suscitado esta recomendación entre las sociedades científicas que colaboran con Essencial”. 

 

Como bien expresa el Grupo en su denuncia pública de esta inaceptable respuesta:

“AQuAS es una agencia pública comprometida con la seguridad del paciente –principio de beneficencia- y la sostenibilidad del sistema sanitario –principio de justicia-. Por este motivo, es inevitable preguntarse qué ha fallado cuando dilata y acaba denegando una propuesta bien argumentada y basada en un alto grado de evidencia científica.”

Y se pregunta, también de manera oportuna, si no serán los conflictos de interés de las sociedades científicas participantes en la iniciativa de AQuAS los que han impedido la inclusión de esta recomendación:

“Las sociedades científicas son también objetivos comerciales de la industria, que en su trato con estas adquieren conflictos de interés que pueden explicar la dificultad para aceptar nuestra recomendación”

Recientemente reseñábamos el magnífico trabajo de CIVIO al presentar de manera agregada los fondos que la industria dedica a las sociedades científicas:

Las farmacéuticas realizaron donaciones de más de 31 millones a entidades jurídicas, patrocinaron eventos por valor de más de 80 millones y pagaron honorarios que superaron los 11 millones”

Parece que la sospecha del Grupo de Ética de la CAMFIC está bien fundamentada. Unas organizaciones que reciben tal cantidad de dinero de la industria lógicamente no están muy dispuestas reconocer que sus asociados no deberían hacerlo; a reconocer que los pagos de asistencia a los congresos o a los cursos que ellas organizan van contra la seguridad de los pacientes.

Las consecuencias

Siendo esto grave, el problema es que la negativa de AQuAS de incluir una recomendación de “no hacer” que va en contra de los intereses económicos de las sociedades científicas que participan arroja una sombra de duda sobre todas las recomendaciones publicadas hasta el momento.

¿Solo se publican recomendaciones no dañinas para los intereses económicos, académicos o profesionales de las sociedades científicas?

¿Solo se publican recomendaciones inofensivas para el poder corporativo?

Lo que debe hacer AQuAS

AQuAS debe rectificar inmediatamente.

Si hay razones para no aceptar la recomendación del Grupo de Ética de la CAMFIC deben ser científicas.

En ningún caso pueden ser válidos argumentos de conveniencia cuando se habla de seguridad de los pacientes.

Todo el apoyo de NoGracias al Grupo de Ética de la CAMFIC por su compromiso con los enfermos, su vocación reformista institucional y su valentía al denunciar la incongruencia de una institución pública que pierde toda legitimidad como defensora del interés común al trasladar la idea de que solo se aceptan recomendaciones que no molesten, ignorando su deber primero con la sociedad y la dignidad de la medicina como institución

 

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