La enfermedad mental es el resultado de la miseria, pero aun así la estigmatizamos

La enfermedad mental es el resultado de la miseria, pero aun así la estigmatizamos

Fuente: Viento Sur, 20/02/2019

La enfermedad mental es el resultado de la miseria, pero aun así la estigmatizamos. 20/02/2019 | Richard Bentall

Los pacientes están siendo rechazados por la creencia errónea de que tienen defectos biológicos. De hecho la evidencia muestra que la mayoría ha sufrido traumas.

Importa cómo hablamos y pensamos sobre la salud mental. Hazlo mal, y la gente puede terminar siendo engañada o, incluso peor, herida. La BBC realizó una temporada sobre salud mental que, a pesar de que su intención era buena, desafortunadamente, dio una visión completamente distorsionada de la psiquiatría.

El capítulo estrella fue La vida no tan secreta del maníaco depresivo, de Stephen Fry: 10 años después. Al igual que muchos profesionales de la salud mental, tengo un enorme respeto por la franqueza de Fry sobre su salud mental1/. También siento una simpatía personal hacia él: ambos fuimos internos en la escuela de Uppingham, Rutland, a principios de los 70 (aunque no tiene motivos para recordarme). Nuestras experiencias infelices allí han ayudado, sin duda, a configurar nuestros caminos desde entonces, las cuales han convergido muchos años más tarde en un interés compartido en la salud mental, en mi caso como psicólogo clínico e investigador.

La BBC se centró en un enfoque biológico extremo de la psiquiatría, el cual está cuestionado por muchos psicólogos y psiquiatras. Este enfoque ve los problemas psiquiátricos como problemas cerebrales específicos que están, en gran parte, determinados genéticamente y apenas influidas por las adversidades de una vida desafortunada. Según este punto de vista, las condiciones psiquiátricas surgen en gran medida de la nada en individuos que son genéticamente vulnerables, son condiciones incontrolables y de por vida, y la única respuesta apropiada es, por lo tanto, encontrar el medicamento correcto. Este enfoque no está respaldado por investigaciones recientes, que nos cuentan una historia más compleja.

Para empezar, ahora sabemos con cierto nivel de certeza que diagnósticos como el trastorno bipolar y la esquizofrenia no son problemas independientes. Los pacientes que experimentan una mezcla de esquizofrenia y síntomas bipolares son bastante frecuentes. Además, un gran número de personas logran vivir vidas productivas a pesar de experimentar, en un momento u otro, síntomas de trastornos psiquiátricos graves, y sin necesidad de buscar ayuda. Existe, por ejemplo, una red internacional para personas que escuchan voces2/ , muchas de las cuales se manejan perfectamente bien sin atención psiquiátrica.

Y los desenlaces para las enfermedades mentales graves son mucho más diversos de lo que se pensaba. La investigación sugiere que un número sorprendente de personas logran recuperaciones totales o parciales, incluso cuando no toman medicamentos, -aunque la recuperación significa cosas diferentes para diferentes personas. Mientras que los profesionales de la salud mental a menudo piensan en la recuperación de los síntomas, los pacientes enfatizan más la importancia de la autoestima, la esperanza en su futuro y un papel valioso en la sociedad.

Por supuesto, los genes juegan un papel en hacer que algunas personas sean más vulnerables que otras para padecer un trastorno psiquiátrico, pero los formidables avances en genética molecular en los últimos años muestran que los mismos genes están involucrados cuando a las personas se les diagnostica de esquizofrenia, trastorno bipolar, TDAH e incluso autismo.

Más importante aún, están involucrados cientos, posiblemente miles de genes, cada uno de los cuales confiere un pequeño aumento en el riesgo. Por lo tanto, como dice el investigador genético estadounidense Kenneth Kendler: “El riesgo genético para la esquizofrenia está ampliamente distribuido en las poblaciones humanas, por lo que todos tenemos cierto grado de riesgo”. Todos los que lean este artículo probablemente tengan algunos genes de riesgo, aunque, por supuesto, algunos tendrán más que otros.

El hecho de que haya tantos genes involucrados sugiere que es poco probable que su estudio conduzca a avances terapéuticos a corto plazo. (Tomemos como ejemplo la enfermedad de Huntington, un trastorno neurológico degenerativo terrible que es causado por un solo gen dominante con una función biológica conocida. Años después de que se descubriera este gen, todavía no hay señales de una terapia médica para la más simple de las enfermedades genéticas).

Estudios recientes han señalado una amplia gama de factores sociales y ambientales que aumentan el riesgo de enfermedad mental. Estos incluyen la pobreza en la infancia, la desigualdad social y la exposición temprana a los entornos urbanos; la migración y la pertenencia a una minoría étnica (todas conduciendo en la dirección equivocada); la separación temprana de los padres; el abuso sexual, físico y emocional infantil; y el bullying en las escuelas.

En un análisis de toda la investigación sobre traumas y psicosis infantiles3/, mis colegas y yo descubrimos que la exposición a cualquiera de estas adversidades infantiles aumentaba tres veces el riesgo de psicosis, y los que tenían múltiples experiencias traumáticas tenían un riesgo mucho mayor. De hecho, la evidencia de un vínculo entre el infortunio en la niñez y un trastorno psiquiátrico en el futuro es tan fuerte estadísticamente como el vínculo entre el hábito de fumar y el cáncer de pulmón.

Ahora también hay pruebas sólidas de que este tipo de experiencias afectan la estructura cerebral, lo que explica muchos de los hallazgos de neuroimagen anormales de los que se han informado en pacientes psiquiátricos. Y, por supuesto, hay innumerables experiencias adversas en la vida adulta que también contribuyen a la mala salud mental, incluidas las deudas, los matrimonios infelices, los entornos laborales demasiado exigentes y la amenaza del desempleo. Podría decirse que la principal causa de la miseria humana son las relaciones miserables con otras personas, vividas en circunstancias miserables.

¿Por qué todo esto es importante? Por un lado, muchos pacientes psiquiátricos sienten que los servicios a menudo ignoran sus historias de vida. En palabras de Eleanor Longden4/, una activista de salud mental, “Siempre preguntan qué es lo que te pasa y casi nunca te preguntan qué te sucedió”. A los pacientes se les ofrecen medicamentos poderosos (que claramente tienen un papel, aunque solo ayuden a algunos pacientes), pero muy raramente los tipos de terapias psicológicas que pueden ayudarlos a reconciliarse con este tipo de experiencias, o incluso un aconsejamiento útil (probablemente, el aconsejamiento sobre cómo manejarse con las deudas tiene un lugar en el tratamiento de la depresión, por ejemplo).

Un enfoque médico reduccionista ha sido extraordinariamente infructuoso, a pesar de lo que asume mucha gente. Mientras que las tasas de supervivencia y de recuperación para problemas somáticos graves como el cáncer y las enfermedades cardíacas han mejorado dramáticamente desde la segunda guerra mundial, las tasas de recuperación para enfermedades mentales graves no han cambiado en absoluto. Los países que gastan menos en servicios psiquiátricos tienen los mejores resultados para las enfermedades mentales graves, mientras que los que más gastan tienen las tasas más altas de suicidio.

Para empeorar las cosas, las investigaciones muestran que un enfoque exclusivamente biológico tiende a aumentar el estigma asociado con la enfermedad mental. Cuanto más piensan las personas que la enfermedad mental es una enfermedad cerebral determinada genéticamente, y cuanto menos reconozcan que es una reacción a circunstancias desafortunadas, más rechazan a los pacientes psiquiátricos. Un enfoque exclusivamente biológico hace que sea muy fácil creer que los seres humanos caen en dos subespecies: el mentalmente sano y el mentalmente enfermo.

Finalmente, un enfoque biomédico reduccionista descuida por completo la dimensión de salud pública. Dada la evidencia, deberíamos poder reducir drásticamente la prevalencia de problemas de salud mental, por ejemplo, abordando la pobreza infantil y la desigualdad, descubriendo qué aspectos del entorno urbano son tóxicos (no es sorprendente que el hecho de vivir cerca de un parque parezca proporcionar alguna protección contra las enfermedades mentales) y tratando de garantizar que todos nuestros niños experimenten una infancia benigna. Algunas influencias potenciales sobre la salud mental (por ejemplo, la forma en que organizamos nuestras escuelas) apenas se han estudiado. No podemos crear un mundo mentalmente más saludable si pasamos todo nuestro tiempo observando los tubos de ensayo.

Esto no quiere decir que los enfoques biológicos no tengan ningún valor, o que la investigación sobre la genética y la neurociencia de los trastornos psiquiátricos no tenga un papel. Yo mismo he participado en estudios biológicos. Pero retratar la mala salud mental simplemente como una enfermedad cerebral solo puede aumentar el estigma, desvía nuestra atención de otras formas en que podemos ayudar a los pacientes, nos impide construir un mundo más saludable y fomenta la alienación, el pesimismo y la profunda desesperanza de los pacientes.

26 de febrero de 2016