Editorial: “Huelga en Atención Primaria: otro modo de mirar”

Editorial: “Huelga en Atención Primaria: otro modo de mirar”

Por Esther Etxegarai y Agurtzane Ortego

Hemos terminado presos de nuestras ideas. El concepto de cliente ha penetrado tan profundamente en nuestra forma de pensar y vivir que hemos terminado reflexionando como si fuera una verdad, un punto de partida incuestionable desde el cual desarrollar proyectos relacionados con la atención a las personas. Hemos acabado pensando que la libertad se expresa a través de la “demanda” de productos y servicios y se nos ha olvidado “la necesidad” como elemento fundamental que lidere y dirija la atención a la salud. Pero el espacio público tiene que repensar dónde debe centrar su actividad y en función de qué criterios debe organizarse. Si no es así, no podremos entender cuál es el papel que ocupa la Atención Primaria (AP) en la atención a la salud de la sociedad actual, no podremos definir cuáles son cualidades fundamentales ni cómo debe ser su articulación.

El día 17-05-2019 la AP estará en huelga otra vez. Tras la primera y exitosa jornada, no se ha resuelto el conflicto por lo que Lehen arreta arnasberritzen, apoyada por los sindicatos, mantiene esta nueva convocatoria sin renunciar a las reivindicaciones PARA TODAS LAS CATEGORIAS PROFESIONALES que forman parte de este nivel asistencial. Éstas comprenden muchas de orden concreto, como las referidas a las limitaciones estructurales que impiden el desarrollo del trabajo de una forma digna y segura (cargas de trabajo inabarcables) pero también incluyen todas aquellas que suponen UN NUEVO MODO DE MIRAR nuestra función. Hasta ahora los trabajadores de la AP han sido los colaboradores más fieles de la administración pero el abandono al que ésta les ha sometido, ha conseguido ser el elemento catalizador por excelencia de este movimiento reivindicativo.

Pero no se trata únicamente de mejorar para seguir haciendo lo mismo, en la retina de muchos profesionales existe ya una visión más integral y social de la salud que necesita que esa fantasía de la AP de la que hemos hablado siempre, empiece a ser una realidad. Al paradigma biomédico, en el que nos movemos, nunca le ha ido bien un enfoque hacia los determinantes sociales de la salud que incluyen, además del sistema de salud, las circunstancias en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen y explican gran parte del estado de salud de una población.

La AP no pide solo que disminuya la burocracia en su trabajo, que se termine con la masificación que tapona todos los ámbitos de los centros de salud, que haya una gestión de personal acorde a lo que se necesita y que acabe con la precariedad. También viene avisando desde hace tiempo que es necesario un cambio para que los valores que le son propios y hacen que cumpla con su papel en el sistema sanitario y en la sociedad, sean asumidos y potenciados por el sistema y guíen las reformas de la AP.

Este cambio precisa, en primer lugar y como condición indispensable, UN AUMENTO EN LA FINANCIACIÓN DE LA ATENCION PRIMARIA pero, para que esta nueva forma de mirar se haga visible, es necesario que:

  • La AP cumpla con su papel de puerta de entrada al sistema sanitario de una forma adecuada. No se trata solo de determinar quién reúne los “requisitos” suficientes para pasar al segundo nivel de atención, consiste en tener los conocimientos y medios apropiados para resolver eficazmente la mayor parte de los problemas de los pacientes con la menor iatrogenia y medicalización, de abordar a los pacientes complejos en su medio habitual y de conciliar las consultas de las diferentes especialidades que interactúan sobre una misma persona para realizar su seguimiento de una forma holística y coherente.
  • La AP asuma la gestión, la responsabilidad de la salud de sus pacientes, sus familias y su comunidad. La de sus pacientes, a lo largo de su vida ayudándoles a transitar por el sistema sanitario e integrando todas las acciones que se realizarán sobre ellos de forma científica y sensata. Para ello, resulta imprescindible conocer su biografía, a su familia, sus valores, su cultura y su manera de transitar por la vida para poder ofrecer respuestas de acuerdo a sus expectativas y necesidades. La de su comunidad, reconociendo la importancia de que las personas y comunidades adquieran poder para hacerse cargo de su salud, en la medida que sea posible (ello debe ser promovido y asumido), dentro de sus condiciones particulares de vida y con los determinantes sociales a los que están sometidos. Se trata de recuperar el famoso atributo de “la comunitaria” que ha terminado por ser un atributo fantasma, el brazo amputado que casa tan mal con la perspectiva estrictamente sanitaria y biomédica del concepto salud.
  • Que se halle un punto de encuentro entre los objetivos de la administración y la parte operativa del sistema. La actual relación donde los profesionales se vinculan mediante un contrato de gestión no ha mejorado la satisfacción profesional ni la eficiencia. La actual estructura rígida, que desconfía de los trabajadores y que no quiere compartir decisiones es un camino agotado. La implicación para tener unos servicios de buena calidad, adecuados para la población y participativos, precisa de cambios en el gobierno del sistema que posibiliten, entre otras cosas, una mayor autonomía de gestión en las unidades.

Es claro que el exceso de demanda, la sobrecarga asistencial y la falta de tiempo son problemas crónicos y estructurales de la AP que se han agudizado estos últimos años por la crisis y la desidia de la administración. Pero también, y en estrecha relación con lo que ahora se reivindica, lo son las limitaciones conceptuales y de valor que impiden este “NUEVO MODO DE MIRAR”.

LA HUELGA PUEDE SER EL PRINCIPIO DEL CAMINO, ÁNIMO Y ADELANTE

Esther Etxegarai, Agurtzane Ortego, vocales de la Junta Directiva de OSALDE


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