Breves reflexiones sobre la Epidemia del Coronavirus

Breves reflexiones sobre la Epidemia del Coronavirus

Breves reflexiones sobre la Epidemia del Coronavirus, por Junta directiva de OSALDE 

  1. El contagio de la enfermedad es muy rápido

La OMS ha declarado Pandemia global, a la epidemia cuya causa es este tipo de coronavirus que, a día de hoy, ha afectado a 125.865 personas (80.793 en China), de 116 países (81 regiones no presentan contagios y 57 países reportan 10 casos o menos) y ha provocado 4.615 fallecimientos (3.169 en China).

En el ámbito del Estado Español se han diagnosticado hasta el momento 2.171 casos, y 31 fallecimientos. Mientras que, en Euskadi, desde hace dos semanas, hay registrados 261 casos positivos y 9 fallecimientos.

Los primeros casos diagnosticados de la enfermedad, la pandemia COVID-19, se detectaron el 1 de diciembre del 2019 en Wuhan (Región central en China) y el 11 de marzo del 2020, después de más de 125.000 casos diagnosticados, con un 3% de letalidad, se ha declarado pandemia global.

 

  1. Aprender de la historia y de las experiencias comunes.

El 4 de octubre de 1918 el Gobierno civil de Burgos, oyendo la Junta Provincial de Sanidad, emitió una Circular declarando la existencia de una epidemia de gripe en Burgos y algunos pueblos de la provincia, alertó contra su propagación, prohibió las fiestas populares y reuniones entre el vecindario, ante la rapidísima difusión del número de casos, y planteo un conjunto de recomendaciones, entre otras, “que se abstengan en consecuencia de permanecer en locales cerrados, mal ventilados, donde se reúne mucha gente, como tabernas, cafés…que se extreme la limpieza de las casas…). Las epidemias recurrentes de las dos últimas décadas (gripe aviar, gripe porcina, gripe A, zika, ébola…) han sido motivo de preocupación y aprendizaje. Observar y estudiar las experiencias en China, Italia, Irán y Corea del sur son esenciales para tomar nuestras propias decisiones.

 

  1. La Salud Pública en el puesto de mando.

Es un acierto que las actividades de la Salud Publica, como la Promoción o Educación para la Salud, las medidas preventivas contra la enfermedad (el aislamiento y la “cuarentena”), la Protección de la salud, la Planificación y la Vigilancia epidemiológica (Estudio de casos y contactos) que se están tomando y dirigiendo como el conjunto de medidas para evitar el contagio y la propagación de la enfermedad. Son las medidas de salud colectiva las más eficaces, y son las medidas de salud comunitaria las que deben orientar todo el Sistema de Salud. Será la organización de redes sociales en los municipios y en los barrios la garantía de impulsar el protagonismo de la población en el propio cuidado de su salud y de la comunidad. Una actitud activa de la ciudadanía significa fortalecer la base de la solidaridad social como garantía del éxito para tratar esta epidemia. Esto contrasta con el papel que la salud pública tiene normalmente en el sistema sanitario, siendo tanto a nivel presupuestario (con una asignación económica claramente insuficiente) como en el papel de dirección del conjunto del sistema de salud, de Osakidetza, realmente escaso. Por ello encontramos dificultades habitualmente para orientar las actividades de los centros sanitarios a las necesidades de la gente. Ya que las demandas no son siempre las necesidades, aunque sean expresión de estas.

 

  1. Fortalecer el papel de los Centros de salud

Algunas CCAA ya han tomado esta decisión, que los equipos de salud de los centros sanitarios, pediatras, médicas de familia y profesionales de enfermería, sean protagonistas del proceso de detección de casos y del seguimiento de pacientes y de contactos entre personas. Sobre todo, las profesionales de enfermería. Son las medidas más eficaces, no solo para evitar el colapso de los hospitales, cuyo objetivo es asistir a los casos más graves, a los pacientes más frágiles, generalmente a las personas mayores, sino para tener éxito en los procesos de aislamiento y detección de casos. Un buen acceso telefónico a los equipos de emergencias y a los profesionales de los centros de salud son los elementos centrales para abordar la epidemia. En este marco los procesos de participación ciudadana son fundamentales para lograr procesos de responsabilidad social e individual en controlar los contagios de la enfermedad.

 

  1. Hay que evitar las muertes evitables.

Los fallecimientos conocidos hasta la fecha oscilan entre un 3% y un 3,5% de los casos conocidos. Posiblemente los casos leves no se estén detectando aún. Mas del 80% son personas de edades muy avanzadas. El cierre de las residencias, hogares y asociaciones de pensionistas son buenas medidas, pero es esencial coordinar adecuadamente el sistema sanitario y el denominado sistema socio-sanitario. Mejorar la formación y la información de las cuidadoras, tener accesibles métodos de protección suficientes y ser prudentes en las medidas de aislamiento de los contagiados es fundamental. Los equipamientos de respiradores y de plazas en las UCI de los hospitales, y prever sus necesidades es parte del trabajo de los gestores en este momento. Un buen gestor debe ser un buen logista que está perfectamente informado de lo que hay que hacer y quien lo tiene que hacer en cada momento. La atención a nuestros mayores es prioritaria en estos momentos.

  1. Los medios de comunicación tienen una importante responsabilidad.

Los procesos mediáticos de prensa escrita, radio y televisión, además del impacto de las redes, en la información sistemática de la epidemia tienen riesgo de colaborar con una inadecuada gestión del miedo con temores desmedidos de la población ante la enfermedad, si no se controla como corresponde. Es conveniente y necesario ponderar los contenidos de la información. Es conocido, y ampliamente comentado por especialistas en la materia la tendencia en ascenso al “amarillismo” en el proceso de información, para lograr mercantilizar la información a riesgo de distorsionar la realidad. Esto puede ser un problema. En la historia de las epidemias hemos observado una tendencia, que se refuerza, en presentar los problemas dimensionados inadecuadamente. El conjunto de problemas sociales, culturales, económicos y políticos de la vida diaria, en nuestro país, tienen su propio interés, tienen su propia dinámica, que conviene no olvidar y desarrollar. El coronavirus es una parte de nuestra vida diaria, no es su totalidad, que es muchísimo más diversa.

  1. Es necesario conciliar la vida laboral y la vida familiar.

El cierre de Ikastolas, colegios y ámbito universitario; la modificación organizativa en algunas empresas (aumento del teletrabajo), el cambio de los entornos laborales (la situación de cuarentena ya se considera baja laboral), entre otras medidas ya tomadas y que posiblemente irán en ascenso; los aplazamientos y cierres en los ámbitos deportivo y de ocio, etc. ha puesto encima la mesa, de nuevo, otro modelo laboral, otro modelo de relaciones laborales, otros horarios, otras formas de organizar, al menos, la vida laboral y la vida familiar. Sin duda habrá que volver sobre estos asuntos, pero son los momentos de crisis, como el que estamos viviendo, lo que ponen en su justo término algunos problemas de la actual organización laboral. Muchos padres y madres lo están pasando realmente mal no solo por los problemas relacionados con la enfermedad, sino con la organización de su núcleo familiar. Las redes sociales, las instalaciones públicas de ayuntamientos y diputaciones, el acceso adecuado a los servicios existentes… son asuntos no resueltos.

 

  1. La red privada en el sector salud ni se entera

Los seguros privados de salud no cubren el riesgo de enfermedades por “epidemias”, excluyendo tratamientos y hospitalización, y además tienen escasa capacidad de trabajar en claves de salud colectiva. El modelo asistencial e individual de atención a la salud es su característica. No sabe ni puede intervenir en esta epidemia. Por ello o bien deriva los casos que le llegan a los hospitales públicos o bien atiende a algunos pacientes, e inclusive en algún caso les hacen alguna prueba de confirmación de casos a costes desorbitados. Esta es la realidad. Debiera ser oportuna su colaboración ante un problema de Salud Pública de esta envergadura sin tener la mirada en la rentabilidad económica. El caso paradigmático en el abordaje de la epidemia es EEUU donde cada paciente debe pagar por hacerse la prueba. Por ello siempre habrá un mal registro de casos, si no interviene la administración pública.

  1. La salud y el entorno económico.

Sin duda, como estamos comprobando, una vez más, que la salud social, la salud de la gente, determina los procesos económicos de alguna manera y con diversa intensidad. Así como la situación económica influye en el estado de salud de la población. En esta epidemia, las decisiones que se están tomando de anular encuentros sociales, congresos, conciertos, Jornadas de trabajo, eventos deportivos… están influyendo en la situación económica del país, no solamente en el sector turístico y hotelero, sino con mayor amplitud, en el comercial y en el productivo, sobre todo en las pequeñas empresas. Disminuirá el crecimiento económico este año, no sabemos cuánto y en qué sectores. Las medidas políticas y económicas que se están tomando, y otras por tomarse, son esenciales. Las inyecciones económicas que tanto la UE, el Gobierno español o el Gobierno vasco, ya han tomado hay que seguirlas para valorar su suficiencia o no. No se trata de impulsar las posibles tendencias al fortalecimiento de cada país (Austria, por ejemplo) modificando el techo de déficit público consensuado, sino precisamente de consensuar políticas en la UE que fortalezcan las políticas sociales, el estado de bienestar y entornos laborales más adecuados a los intereses de las mayorías sociales, evitando el desempleo y la precariedad.

  1. La fragilidad del sistema capitalista de la economía.

Que nuestras sociedades estén atrapadas en el crecimiento económico como “único” objetivo del modelo social de desarrollo tiene un costo. El desarrollismo tiene un costo. La fragilidad de los mercados financieros ha salido de nuevo a relucir en medio de la epidemia. La incertidumbre como elemento esencial del comportamiento de la epidemia, y también de los mercados, pueden alterar, no solo las Bolsas y los procesos de producción y recambio en las cadenas productivas (incluyendo entre distintos países) sino deslocalizar los juegos de poder en la geopolítica internacional. Las excusas para nuevas recesiones económicas parecen claras, al fin y al cabo, son las crisis las que ayudan a recomponer más rápidamente los procesos de acumulación de capital, tal como comentan varios autores. Efectivamente, a esta área de reflexión tendremos que volver cuando acabe la epidemia, aunque en estos momentos se esté iniciando ya el proceso de su puesta en escena.

 

Bilbao, a 12 de marzo del 2020

JUNTA DIRECTIVA

OSALDE

(Asociación por el derecho a la salud)

4 Comments

  • Redacción web

    Los datos al 13/03/2020
    España: 3.864 casos; 90 muertes; 189 recuperados/curados
    País Vasco: 417 casos; 14 muertes

  • Paco Blanco

    El documento me parece extraordinario. Solo dos apuntes:

    1. Necesidad de intervención pública de la sanidad privada en momentos tan críticos

    2. La globalización ha sido solo económica y financiera pero no se ha hecho nada por levantar instituciones globales como la sanitaria que pudiera acompañar socialmente a la otra globalización.

    Gracias por vuestra aportación.

  • Heráklito

    En junio de 2012, el filósofo y sociólogo alemán Hartmut Rosa estuvo en la Universidad de Wuhan charlando con alumnos y profesores sobre sus teorías de la aceleración y resonancia. El sistema no puede acelerarse de forma sostenible quemando unos recursos del planeta que son limitados y causando un estancamiento, deuda y desigualdad irreparables Los efectos sociales destructores de las clases medias consumidoras y la destrucción del trabajo por la robotización anuncian el colapso del sistema en forma de crisis aterradoras que crearán verdaderas debacles socio-económicas en inmensos sectores de población y agitación política global incontrolable de efectos impredecibles y nada tranquilizadores. En este contexto, se podría imaginar que la epidemia de coronavirus está sirviendo de agente neutral, inocente y circunstancial que permite ensayar los efectos de una desaceleración, remedio propuesto por destacadas personalidades críticas con el sistema y quizás la única solución a tiempo para detener la debacle. Y también una oportunidad de experimentar ciclos de menor crecimiento, incluso decrecimiento, con menor riesgo de crisis y compatibles con dinámicas sostenibles. La solución propuesta por pensadores como Hartmut Rosa: “una relación receptiva con otras personas, pero también con la naturaleza, con nuestro trabajo y con un cosmos que tenga sentido o, quizás, que sea afirmativo”. Sí, porque quizás no haya salida si no se ponen límites a la orgía incendiaria, si no se aborda la desigualdad, si no se sienta a la mesa a los humanos (y no humanos) marginados de un sistema de saqueo y exterminio que nos puede estar conduciendo a la “Sexta Gran Extinción” (Kolbert). Quizás el inocente virus traiga una parada obligatoria, una ocasión para experimentar y reflexionar sobre un cambio de rumbo hacia un mundo sostenible sin exclusiones ni excluidos, un nuevo periodo donde una nueva humanidad global y decrecida junto con “los otros bichos” (Ver “seguir con el problema” de Donna J. Haraway) pueda tener un lugar en armonía con la casa común, “Gaia”, un mundo para vivir y no para ser explotado.

  • Redacción web

    ¿Cual es la tasa de letalidad?
    Según la OMS, el registro de 142.000 casos y 5.400 muertes da una tasa de letalidad del 3,8%. Sin embargo la tasa pasa a ser del 0,37% si contamos a las personas positivas asintomáticas. Depende de los criterios que utilicemos para hacer la prueba (Teorema de Bayes). En el caso de las personas mayores, según el modelo estadístico del epidemiólogo Julien Riou, el porcentaje sería de 4,6% en sexagenarios, 9,8 % en septuagenarios y 18% en octogenarios. Si además están previamente enfermos, los indices serían del 9,4%, 20% y 36% respectivamente.

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