No volveremos a la normalidad

No volveremos a la normalidad

por Mario Fernández López de Ahumada, médico, Master en Salud Pública y Salud Medioambiental. Miembro de la Junta directiva de Osalde

Este largo período de “confinamiento” nos está haciendo visibles los problemas derivados del modelo de desarrollo seguido en nuestras sociedades, tanto desde el punto de vista urbano como sanitario.

El abastecimiento de alimentos y bienes de primera necesidad habría sido mucho más sencillo, si se hubieran mantenido los pequeños comercios de alimentación que fueron sacrificados en favor de las grandes superficies a las afueras de las ciudades, con precios del suelo más baratos, y de supermercados de grandes cadenas de alimentación.

Se habrían disminuido concentraciones innecesarias de personas, grandes colas y esperas, con los consiguientes riesgos para la evolución de la pandemia, desplazamientos en vehículo privado hasta los supermercados para acceder a alimentos que llegan desde largas distancias, mientras los alimentos de producción local encuentran enormes dificultades para su comercialización.

La desaparición del pequeño comercio local nos ha llevado a “barrios dormitorio”, sin vida social ni contacto humano, y al aprovisionamiento en grandes superficies, de alimentos de lejana procedencia a cuyos productores se les retribuye en muchas ocasiones por debajo de costes. Todo ello está llevando a la ruina de la producción agrícola y ganadera local, como recientemente denunciaba la alcaldesa del municipio vizcaíno de Ea  y como desde hace tiempo han venido denunciando las organizaciones de agricultores y baserritarras.

Lo local se promociona únicamente a efectos folklóricos mientras se favorece a los dueños de las grandes cadenas y superficies comerciales y se incentivan la agricultura y ganadería intensivas, que como señalan los expertos, tienen mucho que ver con el cambio climático, la pérdida de diversidad y la tala de bosques en la Amazonía y sudeste asiáticos para dedicar el suelo a la ganadería intensiva y al cultivo de soja transgénica para alimento del ganado o a la plantación de palma aceitera para biocombustibles.

Este modelo agroalimentario insostenible, con la pérdida de biodiversidad que conlleva, está suponiendo ya riesgos para la salud importantes: enfermedades infecciosas como el ébola, el SARS, la gripe aviar y ahora el COVID-19, se están incrementando.

“Los sistemas simplificados producen un efecto de amplificación. Si destruyes los ecosistemas, las especies que sobreviven suelen ser las que transmiten las enfermedades a los humanos”. (Kate Jones, directora de Ecología y Biodiversidad de la Universidad UCL de Londres).

Cada vez más investigadores de los nuevos riesgos plantean que: “es necesario revisar nuestra manera de abordar la planificación urbanística y de desarrollo”.

Desde el punto de vista estrictamente sanitario, si así pudiera realmente considerarse, el abordaje de la pandemia está  teniendo sus claroscuros. Por una parte el abordaje hospitalocentrista en los medios de comunicación y en las intervenciones de las autoridades sanitarias y el olvido del papel fundamental que está realizando la Atención Primaria, responden al mismo modelo desarrollista que está marcando los aspectos medioambientales y especialmente urbanístico y alimentario  anteriormente comentados.

La Atención Primaria, capaz de resolver el 90 % de los problemas de salud de una comunidad, ha venido siendo tradicionalmente postergada “en beneficio” de la asistencia hospitalaria.

La falta generalizada de medios de protección individual, tanto para el personal sanitario como para otros sectores que trabajan en primera línea, es inadmisible.

Hace pensar que cuando se es capaz de desarrollar, casi en los primeros días, una aplicación para la geolocalización de toda la población y de decretar el necesario confinamiento de toda la población llegando al  punto de hacerla efectiva por la vía de la fuerza, se sea incapaz de organizar  la producción local de equipos de protección individual y de unas  simples mascarillas quirúrgicas que dificulten la transmisión del virus a personas sanas, para el conjunto de la población (ni siquiera para el personal más expuesto en primera línea).

Alguien malpensado podría pensar que dice mucho de la consideración que el personal sanitario y de primera línea merecen a nuestros dirigentes.

 

El modelo desarrollista que está en el trasfondo del cambio climático y de nuevos riesgos para la salud como el Covid-19, la tendencia a la privatización de los servicios de salud y de los necesarios cuidados sociosanitarios a la población de más edad, son la verdadera causa de la crisis que estamos sufriendo y son el obstáculo de fondo para lograr que situaciones similares no vuelvan a producirse. Ahora es el momento de cambiar el modelo.

No debemos volver a “la normalidad”. La normalidad era el problema.

 

Hay sectores en la sociedad que no pueden estar en manos del mercado y que necesitan una protección importante como  la sanidad.

 

(…) Ingeniosamente, durante las olas de protestas en Santiago (Chile), alguien proyectó una frase poderosa en un edificio: “No volveremos a la normalidad, porque la normalidad era el problema”. Ahora, en medio del nuevo coronavirus, parece imposible imaginar volver al mundo antiguo, el mundo que nos dejó tan indefensxs antes de la llegada de estas microscópicas partículas letales. Persisten olas de ansiedad, la muerte sigue acechándonos. Si hay un futuro, nos decimos unxs a otrxs, no puede imitar al pasado. (Instituto Tricontinental de Investigación Social)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *