{"id":11834,"date":"2021-02-02T08:26:05","date_gmt":"2021-02-02T07:26:05","guid":{"rendered":"https:\/\/osalde.org\/?p=11834"},"modified":"2021-02-02T08:38:23","modified_gmt":"2021-02-02T07:38:23","slug":"las-sombras-de-la-psiquiatria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/osalde.org\/eu\/las-sombras-de-la-psiquiatria\/","title":{"rendered":"Las sombras de la psiquiatr\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><strong>Fuente:\u00a0<\/strong><a href=\"https:\/\/www.elsaltodiario.com\/el-rumor-de-las-multitudes\/sombras-psiquiatria\">Elsaltodiario.com<\/a>\u00a0 \u00a0Fernando Colina, Psiquiatra y escritor. Licencia CC\u00a0<span class=\"cc-license-identifier\">(CC BY-SA 3.0 ES)<\/span><!--more--><\/p>\n<p><em>La psiquiatr\u00eda naci\u00f3 como un gesto liberador, pero a lo largo de su historia se ha visto distorsionada por diferentes pr\u00e1cticas y tentativas de poder. La antipsiquiatr\u00eda, por tanto, no pretende destruirla sino recuperarla como defensa de las libertades y los derechos de los pacientes.<\/em><\/p>\n<p>El 20 de enero de 1866, L\u00e9opold Louis T\u00fcrck, doctor en Medicina, antiguo representante del pueblo y miembro del Consejo General del Departamento de los Vosgos, dirigi\u00f3 una petici\u00f3n al Senado franc\u00e9s donde denunciaba como in\u00fatil y desastrosa la pr\u00e1ctica del aislamiento de los locos en los manicomios. Despu\u00e9s de afirmar que los hospitales psiqui\u00e1tricos eran una f\u00e1brica de cad\u00e1veres y alienados, sostuvo que se practicaba el aislamiento y no se daban altas para favorecer el negocio de los propietarios y poner a salvo la reputaci\u00f3n de los m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>Si no fuera por la fecha del informe, uno creer\u00eda estar en la d\u00e9cada de los a\u00f1os setenta del siglo pasado defendiendo las ideas de la antipsiquiatr\u00eda y promoviendo con ellas la reforma psiqui\u00e1trica. Pero no se trata de esto, sino de una prueba notoria de que la\u00a0<em>psiquiatr\u00eda cr\u00edtica<\/em>\u00a0ha existido pr\u00e1cticamente desde los comienzos de la disciplina. La llamada antipsiquiatr\u00eda no fue sino una variante de la misma que sedujo a algunos europeos en la segunda mitad del siglo xx. No trataba de destruir la especialidad, como defendieron las corrientes m\u00e1s conservadoras, sino de enderezarla, dignificarla y volcarla en defensa de las libertades y los derechos de los pacientes.<\/p>\n<p>Buena prueba de lo que digo podemos encontrarla si avanzamos otros cincuenta a\u00f1os y nos situamos en los comienzos de nuestra d\u00e9cada. Ahora observamos los mismos problemas que nos refieren los antiguos: exclusi\u00f3n de los locos, terap\u00e9uticas agresivas, cronificaci\u00f3n iatrog\u00e9nica, lucha por la legitimaci\u00f3n de la especialidad. Y sin necesidad de avanzar tanto, de la lectura de las conferencias brasile\u00f1as de Basaglia, pronunciadas en 1979, monumento racional y moral de la psiquiatr\u00eda libre, deducimos que podr\u00eda haberlas dictado estos d\u00edas sin perder actualidad y acierto cr\u00edtico. Incluso cabr\u00eda considerarlas m\u00e1s oportunas que nunca.<\/p>\n<p><strong>Agentes de libertad o agentes del Estado<\/strong><\/p>\n<p>La psiquiatr\u00eda es una especialidad sanitaria incluida con calzador en los estudios de medicina, en tanto que el psiquiatra es un m\u00e9dico profesionalmente acomplejado que, para ocupar su puesto, tiene que demostrar un empirismo exacerbado que en el fondo desprecia y le irrita. Preso entre el materialismo cerebral, que le conduce a la neurolog\u00eda, y el subjetivismo potencial, que le asimila al psic\u00f3logo, no sabe a qu\u00e9 carta quedarse y nunca encuentra acomodo. Si trabaja en la comunidad teme ser absorbido por los servicios sociales y acabar haciendo m\u00e1s apoyo y acompa\u00f1amiento que medicina, y si arrima el hombro en equipo teme perder personalidad y jerarqu\u00eda.<\/p>\n<p>Dedicarse a la psiquiatr\u00eda supone asumir cierta dosis de mala conciencia. Todos, m\u00e1s o menos pronto, acabamos haciendo alguna intervenci\u00f3n que nos repugna, y que hay que aprender a encajar y reconocer, mejor que ocultar, disfrazar o justificar precipitadamente. No nos gusta entender que, am\u00e9n de curar enfermedades mentales o, mejor dicho, cuidar del sufrimiento ps\u00edquico de algunas personas, sin necesidad de hacer valoraciones nosol\u00f3gicas, somos tambi\u00e9n agentes del orden social. Y as\u00ed nos utiliza el Estado. Y conviene aceptarlo y saberlo, pues solo de ese modo podemos neutralizar o al menos sopesar los posibles excesos del requerimiento social. No hay que dar por supuesto que nuestra intervenci\u00f3n es correcta, aunque sea a todas luces desproporcionada, bajo la excusa del mandato recibido. Incluso puede suceder que, si no andas con cuidado, acabas haciendo m\u00e1s trastadas de las necesarias. No es infrecuente que el psiquiatra le coja gusto al gatillo y se vuelva m\u00e1s papista que el papa, es decir, m\u00e1s cruel y restrictivo de lo que se le solicita o se precisa.<\/p>\n<p>De esta suerte, el m\u00e9dico psiquiatra, que ante todo debe de ser un agente de libertad, queda obligado a compaginar su tarea emancipadora con otra funci\u00f3n coactiva y represora. En este dif\u00edcil equilibrio no es de extra\u00f1ar, conociendo la condici\u00f3n humana, que no pocas veces al alienista se le d\u00e9 mejor reprimir que liberar, puesto que es mucho m\u00e1s sencillo. Trabajar a favor del orden y el control de los dem\u00e1s es m\u00e1s f\u00e1cil que promover la tolerancia y la libertad, misi\u00f3n que exige m\u00e1s esfuerzo y contrae muchos m\u00e1s riesgos personales y profesionales.<\/p>\n<p>Trabajar a favor del orden y el control de los dem\u00e1s es m\u00e1s f\u00e1cil que promover la tolerancia y la libertad, misi\u00f3n que exige m\u00e1s esfuerzo y contrae muchos m\u00e1s riesgos personales y profesionales.<\/p>\n<p>La mala fama en este sentido de los psiquiatras se debe, l\u00f3gicamente, al resultado negativo de estas contradicciones. Y la figura t\u00e9cnica de cada uno de nosotros acaba definida en este cruce de caminos por la inclinaci\u00f3n dominante de nuestra pr\u00e1ctica. Hay quien en caso de duda apuesta siempre que puede por la libertad, y quien si no lo ve claro se inclina por el ingreso involuntario, la sedaci\u00f3n preventiva y la contenci\u00f3n mec\u00e1nica.<\/p>\n<p>Esta encrucijada cotidiana se inserta profundamente en el alma y el dise\u00f1o de la profesi\u00f3n. Tanto la violencia que se ejerce, voluntaria o involuntariamente, como la estrecha relaci\u00f3n que mantiene con la administraci\u00f3n de justicia, curiosamente inseparable de su actividad, comportan dos figuras que acompa\u00f1an nuestras pr\u00e1cticas como si fueran sus guardaespaldas. Recordemos que cuando naci\u00f3 la psiquiatr\u00eda se incorpor\u00f3 a las especialidades m\u00e9dicas escondida en el caballo de Troya de la psiquiatr\u00eda forense, ejerciendo su pericia en los juzgados antes que en los hospitales. Con estos antecedentes, no resulta azaroso o gratuito que sea la \u00fanica especialidad que ingresa a sus pacientes contra su voluntad, lo que le obliga a someterse a vigilancia judicial. A menudo olvidamos que el juez acude a las unidades de internamiento no a comprobar la locura del internado sino a prevenir los excesos del psiquiatra contra los derechos humanos y constitucionales del alienado. Este es al menos el esp\u00edritu de la ley, que con frecuencia se oculta y se oscurece no solo por parte del m\u00e9dico psiquiatra sino del propio juez, que empieza a ver en el psiquiatra no a un sospechoso sino a un colaborador ilustrado, hasta el punto que sus visitas pueden convertirse en una pr\u00e1ctica rutinaria solo pendiente de las exigencias burocr\u00e1ticas.<\/p>\n<h3><strong>El oscurecimiento de la profesi\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>La psiquiatr\u00eda naci\u00f3 con un gesto fundante liberador, la rotura de las cadenas del asilo franc\u00e9s a principios del siglo xix. Su inspiraci\u00f3n redentora persiste afortunadamente y revive en el esp\u00edritu de todas las psiquiatr\u00edas cr\u00edticas existentes. Pero l\u00f3gicamente, enseguida se hizo acompa\u00f1ar, como ha sucedido siempre en la historia de la civilizaci\u00f3n, de otro gesto de barbarie \u2013el encierro y el control\u2013 que tiende a imponerse en cuanto puede. No es sorprendente, por lo tanto, aunque no deja de extra\u00f1ar e incluso de indignar, que la profesi\u00f3n haya conocido dos premios nobeles que en vez de realzar su tarea la afean y retuercen. Me refiero al invento de la malaroterapia, de la infecci\u00f3n\u00a0<em>terap\u00e9utica<\/em>\u00a0con el par\u00e1sito pal\u00fadico, que le vali\u00f3 el galard\u00f3n a su inventor, Wagner von Jaureeg, en 1927, y tambi\u00e9n al invento de la lobotom\u00eda por el neurocirujano Egas Moniz, premiado a su vez con el Nobel en 1949. Es triste que nuestras mayores condecoraciones oficiales se reduzcan a infectar a los locos con el paludismo, para abatirlos con la fiebre, y a seccionar quir\u00fargicamente los l\u00f3bulos cerebrales para fabricar idiotas sobrevenidos y ostentosos.<\/p>\n<p>Junto a estos riesgos de violencia estructural, hay otras sombras iatrog\u00e9nicas que empa\u00f1an la psiquiatr\u00eda y deslucen su tarea. La principal es su gran capacidad para generar cronicidad en todo cuanto aborda. El mal m\u00e1s importante que causamos tiene que ver con la tendencia a prolongar artificialmente el estatuto de enfermo de las personas. Esta aptitud se ha hecho manifiesta desde los or\u00edgenes de la especialidad, pues, como si estuvi\u00e9ramos arrepentidos por la manumisi\u00f3n del enajenado que lleva el sello de Pinel, en cuanto echamos la garra a un loco nos cuesta soltarle y nos refugiamos en atribuir a su hipot\u00e9tica enfermedad la t\u00f3rpida evoluci\u00f3n a la que nosotros mismos le inducimos y forzamos.<\/p>\n<p>Sin duda, hoy nos corresponde derribar los \u00eddolos del positivismo, la escandalosa y sofocante idolatr\u00eda de la ciencia, y al tiempo reconocer, como quer\u00eda Basaglia, que el problema no es tanto reeducar al enfermo como rehabilitar al psiquiatra.<\/p>\n<p>Podemos aislar tres causas explicativas de esta sombra amenazante que ennegrece nuestra labor. La primera reside en la existencia de los antiguos manicomios, donde se ingresaba a las primeras de cambio pero se sal\u00eda con dificultad. En ellos se construy\u00f3 la psicopatolog\u00eda cl\u00e1sica, cuyas apreciaciones sobre la prolongaci\u00f3n y el mal pron\u00f3stico de las llamadas enfermedades mentales han contaminado las clasificaciones dsm actuales. Aquellos psiquiatras antiguos, tan represores pero tan estudiosos por otra parte, trabajaban sobre alienados presos, cautivos en los hospitales, obligados a encierros de gran potencia corrosiva. Sobre ellos se construy\u00f3 la nosolog\u00eda inicial y, sin tener en cuenta la influencia en sus conceptos del elemento asilar, por s\u00ed mismo destructivo y empobrecedor, se calific\u00f3 gran parte de las psicosis como susceptibles de evolucionar hacia la demencia precoz. Deterioro artificial y de causa ambiental, vinculado estrechamente a la institucionalizaci\u00f3n, que no ten\u00eda nada que ver en principio con las dificultades propias del sujeto ni con la evoluci\u00f3n intr\u00ednseca de la supuesta enfermedad.<\/p>\n<p>El segundo motivo remite a la identificaci\u00f3n de la enfermedad con la condici\u00f3n particular de cada uno. En este caso, bien guiados por una causa de contenido biol\u00f3gico, o bien por la arquitectura subjetiva, se concluye que no se tiene ese padecer que llamamos \u00abpsicosis\u00bb sino que se es \u00abpsic\u00f3tico\u00bb. De esta desviaci\u00f3n identitaria se deduce la duraci\u00f3n prolongada o permanente de la afecci\u00f3n. Sin embargo, el planteamiento est\u00e1 desenfocado, pues no se trata tanto de dirimir si un psic\u00f3tico lo es o si una psicosis se tiene, sino de admitir que se pueden experimentar s\u00edntomas psic\u00f3ticos sin haber necesitado ning\u00fan auxilio m\u00e9dico o psicol\u00f3gico ni romperse interiormente durante la experiencia. El alienado no est\u00e1 sometido a un destino predeterminado que acabar\u00e1 fatalmente expres\u00e1ndose bajo el modelo de la enfermedad. La mayor parte de ellos viven entre nosotros \u2013o lo somos nosotros mismos\u2013 pasando desapercibidos, y s\u00f3lo somos detectables, si se diera el caso, por alguna rareza y cierta inclinaci\u00f3n a la soledad. A ese anonimato psicopatol\u00f3gico precisamente es donde debemos devolver desde nuestras consultas a las personas con experiencias psic\u00f3ticas, si esta conducci\u00f3n est\u00e1 a nuestro alcance y si queremos liberarlas realmente sin hacerlas pasar por las horcas caudinas de la tutela, la dependencia, la minusval\u00eda y la incapacidad.<\/p>\n<p>Incluso no es un ideal menor, o pasado de raya, la perspectiva de rescatarlas de las clasificaciones nosol\u00f3gicas, como se ha hecho con la homosexualidad y la transexualidad, admitiendo sin atribuci\u00f3n patol\u00f3gica su diferencia y su\u00a0<em>anormal normalidad<\/em>. Y aprovechar de paso la ocasi\u00f3n para corregir la costumbre de elevar los diagn\u00f3sticos a una figura de identidad, dejando que sea cada individuo quien se identifique si quiere o lo necesita con alg\u00fan s\u00edntoma \u2013soy depresivo, soy ansioso, soy delirante, etc.\u2013 sin que se lo imponga la psiquiatr\u00eda desde que le reconoce y le nombra.<\/p>\n<p>El tercer elemento de cronicidad, que ensombrece tambi\u00e9n nuestro quehacer, lo encontramos en el concepto de adherencia al tratamiento, que no alude a la continuidad de apoyo y acompa\u00f1amiento durante el tiempo que se necesite, sino a la constancia ininterrumpida del tratamiento psicofarmacol\u00f3gico. El t\u00e9rmino de adherencia comprende dos prejuicios interesados: el de confundir el tratamiento con la prescripci\u00f3n de un f\u00e1rmaco, al que reduce su vocaci\u00f3n terap\u00e9utica, y el de asimilar la prescripci\u00f3n del psicof\u00e1rmaco con el h\u00e1bito de tomarlo indefinidamente, ya sea con \u00e1nimo directamente curativo o como herramienta preventiva a largo plazo.<\/p>\n<p>La constancia de estas oscuridades, tal y como las hemos expuesto, exige humanizar de continuo la profesi\u00f3n. No hay descanso posible para este cometido. Cada \u00e9poca lo hace y lo har\u00e1 con su estilo propio y sobre los abusos que considere m\u00e1s perniciosos. Sin duda, hoy nos corresponde derribar los \u00eddolos del positivismo, la escandalosa y sofocante idolatr\u00eda de la ciencia, y al tiempo reconocer, como quer\u00eda Basaglia, que el problema no es tanto reeducar al enfermo como rehabilitar al psiquiatra.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<h3><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-11836 alignleft\" src=\"https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Logo-La-Revolucion-Delirante.jpg\" alt=\"\" width=\"198\" height=\"198\" srcset=\"https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Logo-La-Revolucion-Delirante.jpg 871w, https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Logo-La-Revolucion-Delirante-300x300.jpg 300w, https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Logo-La-Revolucion-Delirante-100x100.jpg 100w, https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Logo-La-Revolucion-Delirante-600x600.jpg 600w, https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Logo-La-Revolucion-Delirante-150x150.jpg 150w, https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Logo-La-Revolucion-Delirante-768x768.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 198px) 100vw, 198px\" \/>Sobre el autor<\/strong><\/h3>\n<p><strong>Fernando Colina\u00a0<\/strong>es psiquiatra y actualmente colabora con el colectivo\u00a0<a href=\"https:\/\/revoluciondelirante.blogspot.com\/\">La Revoluci\u00f3n Delirante<\/a>, vinculado a la llamada &#8216;Psiquiatr\u00eda democr\u00e1tica&#8217;. De entre sus libros dedicados a la psiquiatr\u00eda podemos destacar, entre otros,\u00a0<em>Escritos psic\u00f3ticos<\/em>\u00a0(1996),\u00a0<em>El saber delirante<\/em>\u00a0(2001),\u00a0<em>Melancol\u00eda y paranoia<\/em>\u00a0(2011) o\u00a0<em>Sobre la locura<\/em>\u00a0(2013). Sus t\u00edtulos m\u00e1s recientes son\u00a0<em>Manual de Psicopatolog\u00eda<\/em>\u00a0(2018) con Laura Mart\u00edn y\u00a0<em>Foucaultiana<\/em>\u00a0(2019).<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-7904 alignright\" src=\"https:\/\/osalde.org\/wp-content\/uploads\/2019\/05\/Licencia-CC.png\" alt=\"\" width=\"88\" height=\"31\" \/><\/p>\n<span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fuente:\u00a0Elsaltodiario.com\u00a0 \u00a0Fernando Colina, Psiquiatra y escritor. Licencia CC\u00a0(CC BY-SA 3.0 ES)<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":11837,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[1344,1284,104,795],"tags":[],"class_list":["post-11834","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-1344","category-ano","category-entrada-del-blog","category-salud-mental"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"3.0.2","language":"eu","enabled_languages":["es","eu"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":false},"eu":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11834","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11834"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11834\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11838,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11834\/revisions\/11838"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11837"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11834"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11834"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11834"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}