{"id":11462,"date":"2020-12-11T22:36:57","date_gmt":"2020-12-11T21:36:57","guid":{"rendered":"https:\/\/osalde.org\/?p=11462"},"modified":"2020-12-11T22:36:57","modified_gmt":"2020-12-11T21:36:57","slug":"fernanda-por-juan-irigoyen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/osalde.org\/eu\/fernanda-por-juan-irigoyen\/","title":{"rendered":"&#8220;Fernanda&#8221;, por Juan Irigoyen"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\">por <strong>Juan Irigoyen\u00b9<\/strong>, ex-profesor de Sociolog\u00eda en la Universidad de Granada<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<h3><a href=\"http:\/\/www.juanirigoyen.es\/2020\/12\/fernanda.html\">FERNANDA<\/a><\/h3>\n<p><em>El desarrollo es un banquete con escasos invitados, aunque sus resplandores enga\u00f1en, y los platos principales est\u00e1n reservados a las mand\u00edbulas extranjeras.<\/em><\/p>\n<p>Eduardo Galeano<\/p>\n<p>Este texto forma parte de la entrada \u201cEmilia y Fernanda. Figuras de la desposesi\u00f3n\u201d, que publiqu\u00e9 el 28 de noviembre pasado.<\/p>\n<p>Fernanda es una mujer peruana, que reside en Madrid y ya no cumplir\u00e1 los cuarenta a\u00f1os. Nacida en un lugar del norte de Per\u00fa, en el \u00e1rea de Trujillo, tuvo una infancia marcada por la pobreza y el maltrato. Se cas\u00f3 muy joven con un hombre que ejerci\u00f3 una violencia terrible contra ella. Tuvo un aborto, un parto fatal, y, por fin, una hija, pero la situaci\u00f3n familiar se hizo tan insoportable que se disolvi\u00f3 por s\u00ed misma. Su marido emigr\u00f3 y qued\u00f3 en una situaci\u00f3n desvalida. Ella misma termin\u00f3 en Lima, en donde ejerci\u00f3 trabajos en la econom\u00eda informal en unas condiciones sever\u00edsimas de pobreza y marginaci\u00f3n. En esta situaci\u00f3n, a principios de siglo, fue seducida por las leyendas que circulaban en su entorno acerca de un nuevo Dios: el euro, que eclipsaba a la misma radiante moneda nacional: el Sol. Una unidad de esta moneda m\u00e1gica representaba la estimulaci\u00f3n de la imaginaci\u00f3n en un para\u00edso del bienestar: la nueva Espa\u00f1a de principios del siglo XXI. Una econom\u00eda pr\u00f3spera que concitaba la concurrencia de m\u00faltiples latinoamericanos.<\/p>\n<p>El viaje a Madrid implica la debilitaci\u00f3n, hasta casi la extinci\u00f3n, de los d\u00e9biles lazos familiares y sociales que ten\u00eda en su tierra, y que hab\u00edan condicionado inapelablemente sus primeros a\u00f1os. La llegada al para\u00edso implica la asunci\u00f3n de un principio muy duro, en tanto que carece de recursos y relaciones, lo que le lleva a descubrir que el ed\u00e9n de la prosperidad ten\u00eda una cara que le asemejaba a una jungla. Tras alg\u00fan escarceo laboral de semanas, se desplaza a Valladolid a un s\u00f3rdido trabajo de cuidar a un anciano en condiciones p\u00e9simas. All\u00ed confirma que su cuerpo, principalmente sus tetas, su co\u00f1o, su culo y sus muslos, parecen formar parte del com\u00fan de los varones, al igual que en sus a\u00f1os peruanos. El anciano ha perdido sus facultades de conversar entre otras, pero conserva la competencia de dirigir sus manos hacia las partes m\u00e1s prominentes de su cuerpo. Tambi\u00e9n su hijo comienza a ejercitarse, primero en las zonas pr\u00f3ximas.<\/p>\n<p>Pero su lamentable situaci\u00f3n vital es compensada por el fulgor de sus fantas\u00edas de terminar ingresando en el club del bienestar. Esa quimera le proporciona la fuerza necesaria para aguantar sus condiciones y hacer del aguardar un arte, en la convicci\u00f3n de que su oportunidad terminar\u00e1 por comparecer. Muy pronto se rompe su v\u00ednculo y tiene que regresar a Madrid. All\u00ed consigue un empleo en un taller de costura en condiciones laborales extremadamente duras. Este solo dura pocos meses, hasta que, por fin, encuentra una casa en la que cuidar a ni\u00f1os. Para ella significa una ruptura prometedora, en tanto que su experiencia de cuidar mayores muy deteriorados dificultaba el establecimiento de relaciones que tuvieran componentes afectivos. Las familias de estos dimit\u00edan de todas las responsabilidades, que descargaban sobre ella a cambio de muy pocas unidades de la prodigiosa moneda que la hechiz\u00f3.<\/p>\n<p>Desde entonces ha encadenado varias casas para el cuidado de ni\u00f1os. Las condiciones de este trabajo son manifiestamente penosas. La jornada empieza a las siete de la ma\u00f1ana, hora en que tiene que llegar a la casa, enclavada en barrios de clase media y procedente de su habitaci\u00f3n localizada en la periferia, y hacerse cargo de la limpieza, el desayuno, la ropa y el desplazamiento de los ni\u00f1os al cole. Despu\u00e9s tiene que regresar para limpiar la casa, hacer la comida y tratar con el conjunto de m\u00e1quinas dom\u00e9sticas que sirven a tan progresada sociedad. La aspiradora, la lavadora, el friegaplatos, la nevera, la secadora, la m\u00e1quina de coser y otras que comparecen en las v\u00edsperas de la robotizaci\u00f3n integral del hogar, son sus compa\u00f1eras durante la solitaria y faenada ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda recoge a los ni\u00f1os en el cole. Estos comparecen llenos de energ\u00eda, cuesti\u00f3n que Fernanda no acierta a comprender, en tanto que el tiempo que estuvo en un aula en su infancia fue muy fugaz. Tras varias horas en las que un ni\u00f1o es inmovilizado en las \u00faltimas versiones de lo que se entiende convencionalmente como un pupitre, sale como un cohete para cumplir con las exigencias de su cuerpo sujetado. Una vez llegados a la casa, les da de comer y tiene que vigilar el orden en torno a la m\u00e1quina de ver cuadrangular hasta que llega la hora de volver al cole. En este entretiempo ella come frugalmente.<\/p>\n<p>La tarde es m\u00e1s tranquila en el breve intervalo entre idas y venidas. Algunos d\u00edas tiene que llevar a los infantes a alguna de esas actividades que se denominan extraescolares. Tras muchas idas y venidas termina en la casa, casi siempre despu\u00e9s de las siete de la tarde, hora en la que converge con los esforzados padres, los cuales le asignan alguna tarea adicional. A las nueve de la noche llega a su casa, que siempre ha sido y es un cuarto con derecho a ba\u00f1o y cocina con sus compa\u00f1eros de piso. Se duerme mirando una peque\u00f1a m\u00e1quina de ver cuadrangular, de muy pocas pulgadas, que tiene ubicada junto a su cama.<\/p>\n<p>Esta jornada, que casi siempre excede las doce horas, se ve reforzada algunos d\u00edas, en los que los exitosos padres tienen que acudir a distintas obligaciones sociales. Alg\u00fan d\u00eda tiene que estar presente hasta la media noche. Por este trabajo recibe la cantidad mensual de cuatrocientos euros, aunque, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, ha cobrado menos, en tanto que la mam\u00e1 le ha comunicado su mala situaci\u00f3n econ\u00f3mica. Cuatro billetes de cien, u ocho de cincuenta, pero tambi\u00e9n ochenta billetes de cinco, que pueden favorecer la enso\u00f1aci\u00f3n de ser propietaria de muchos billetes. Pero lo peor es que el acuerdo del precio de su trabajo se realiza en un cara a cara en la que tiene todas las de perder.<\/p>\n<p>En estos fatales cara a cara ha aprendido muchas cosas. Pero es pragm\u00e1tica y entiende la injusticia de su retribuci\u00f3n enmarcada en una escala de situaciones por las que ha atravesado en su vida. En esta, al menos, no recibe violencia expl\u00edcita. Pero en esos momentos ha aprendido muy bien las equivalencias entre su situaci\u00f3n y ese dicho que reza as\u00ed: no sirvas a quien sirvi\u00f3\u201d. Los pap\u00e1s y mam\u00e1s posmodernos que la emplean se muestran aparentemente cercanos, pero tambi\u00e9n extraordinariamente tajantes a la hora de acordar la soldada y las condiciones. Su experiencia le ha mostrado que cualquier desavenencia o discusi\u00f3n conduce inevitablemente a la ruptura del v\u00ednculo. Es consciente de que es requerida porque es m\u00e1s barata que las espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>Su s\u00f3rdida vida se compensa con los afectos que termina por intercambiar con los peques. Estos agotan su vida afectiva. Ha tenido varias experiencias de amores de fin de semana que alivian a su cuerpo pero no compensan su necesidad imperiosa de ser querida. Por esta raz\u00f3n, cuando su v\u00ednculo se rompe en un aciago cara a cara, Fernanda no solo no se lleva finiquito alguno, sino que vuelve a su nicho cotidiano en el que los afectos est\u00e1n ausentes. Tras varios a\u00f1os de sucesivas experiencias ha descubierto la fatalidad de los ni\u00f1os posmodernos, los hijos solos y otras especies de infantes propios de la \u00e9poca, en la que comienza a apuntar el sadismo con los d\u00e9biles. Su car\u00e1cter se ha agriado debido a estas relaciones.<\/p>\n<p>Hace dos a\u00f1os su situaci\u00f3n ha mejorado sustancialmente, debido a que su hija ha venido a la metr\u00f3poli madrile\u00f1a. Ahora, su dormitorio con derecho a ba\u00f1o y cocina, se encuentra lleno de afecto y de energ\u00eda, porque la chica trae consigo una energ\u00eda muy\u00a0\u00a0densa. Ella estudia y trabaja en un s\u00faper, y manifiesta un respeto y cari\u00f1o encomiable a la madre. Se trata de la primera persona en muchos a\u00f1os que no la trata como a una fracasada. La chica se siente con fuerza para escalar en la jungla del capitalismo madrile\u00f1o. Su presencia invierte la situaci\u00f3n de pesimismo. Me conmovi\u00f3 mucho pasear con ellas por el Retiro y contemplar su fusi\u00f3n emocional.<\/p>\n<p>No he querido hacerla da\u00f1o con mis palabras. He sido muy prudente. Pero no he podido evitar decirle que pienso que su caso ilustra la postcolonialidad. Le pregunt\u00e9 acerca de su interpretaci\u00f3n de las palabras de Eduardo Galeano cuando dice que \u201cVinieron. Ellos ten\u00edan la Biblia y nosotros ten\u00edamos la tierra. Y nos dijeron: \u2018Cierren los ojos y recen\u2019. Y cuando abrimos los ojos, ellos ten\u00edan la tierra y nosotros ten\u00edamos la Biblia\u201d. Pienso que ella era la (pen) \u00faltima trastada de Pizarro. Ahora este exceso colonial se reviste de progresismo de sal\u00f3n de pap\u00e1s y mam\u00e1s con m\u00e1scaras humanas. Pero la verdad es que Fernanda me parece una persona inscrita en un limbo estad\u00edstico y social. As\u00ed se configura como un residuo de ese proceso en curso que es la desposesi\u00f3n. Su futuro inmediato es, incluso, peligroso, dada la exacerbaci\u00f3n de pasiones inducidas por la gran crisis econ\u00f3mica de la Covid.<\/p>\n<p>Fernanda no est\u00e1 incluida en ning\u00fan\u00a0<em>nosotros<\/em>, y, a\u00fan m\u00e1s, tampoco en ninguna\u00a0<em>nosotras<\/em>, en tanto que por estos lares y en estos tiempos el feminismo adopta una forma predominantemente nacional y autosatisfecha, con el permiso de Emilia y otras muchas excluidas. En este sentido, no se encuentra incluida en los discursos pol\u00edticos. Tiene que vivir en esta tierra extra\u00f1a, y tampoco es factible regresar, como el Melqu\u00edades Estrada imaginado por Guillermo Arriaga. Su cuadro vital es tan desolador que ni siquiera le inquieta el comienzo de su declive f\u00edsico, como a Emilia. El afecto de su hija es su gran tesoro y lo que sostiene su vida. Este tipo de tesoros no corren el riesgo de ser requisados por emprendedores que en esta \u00e9poca reproducen el arquetipo de Don Francisco de Pizarro.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el confinamiento en la habitaci\u00f3n y ahora no tiene trabajo. Pero no es un cuerpo que tenga inter\u00e9s epidemiol\u00f3gico. Supongo que se acrecentar\u00e1 el inter\u00e9s de estos expertos en que ventile su cuarto, pero poco importar\u00e1n sus viajes en el metro, sus encuentros con m\u00faltiples ni\u00f1os, con sus empleadores y en los distintos recados que tiene que realizar. Propongo un ejercicio. Si tiene que cambiarse cada cuatro horas la mascarilla, \u00bfcu\u00e1ntas mascarillas tiene que utilizar al mes? \u00bfcu\u00e1nto dinero supone? y \u00bfqu\u00e9 porcentaje representa sobre sus ingresos? No s\u00e9 d\u00f3nde le\u00ed en alguna ocasi\u00f3n las palabras &#8220;epidemiolog\u00eda social&#8221;. Pero, a\u00fan y as\u00ed, nunca olvidar\u00e9 el d\u00eda que me present\u00f3 a su hija y la forma de caminar juntas cogidas del brazo.<\/p>\n<p>(1) Del blog de Juan Irigoyen. <em>&#8220;Juan Irigoyen es hijo de Pedro y Mar\u00eda Josefa. Ha sido activista en el movimiento estudiantil y militante pol\u00edtico en los a\u00f1os de la transici\u00f3n, soci\u00f3logo profesional en los a\u00f1os ochenta y profesor de Sociolog\u00eda en la Universidad de Granada desde 1990.Desde el verano de 2017 se encuentra liberado del trabajo automatizado y evaluado, viviendo la vida pausadamente. Es observador permanente de los efectos del nuevo poder sobre las vidas de las personas. Tambi\u00e9n es evaluador acreditado del poder en sus distintas facetas. Para facilitar estas actividades junta letras en este blog.&#8221;<\/em><\/p>\n<span class=\"et_bloom_bottom_trigger\"><\/span>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Juan Irigoyen\u00b9, ex-profesor de Sociolog\u00eda en la Universidad de Granada<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":11465,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[1287,1284,759,885],"tags":[],"class_list":["post-11462","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-1287","category-ano","category-memoria","category-opiniones"],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"3.0.2","language":"eu","enabled_languages":["es","eu"],"languages":{"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":false},"eu":{"title":false,"content":false,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11462","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11462"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11462\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11464,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11462\/revisions\/11464"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11465"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11462"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11462"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/osalde.org\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11462"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}