Etiqueta: Resistencia bacteriana

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Terminar el uso no esencial de antimicrobianos en el ganado

La lucha contra la resistencia a los antimicrobianos (AMR) es una prioridad de la agenda de salud pública de la Organización Mundial de la Salud, y en noviembre de 2017 la organización lanzó pautas sobre el uso de antimicrobianos médicamente importantes en la industria de producción de alimentos.

Fuente: BMJ 2018; 360: k259

Sus recomendaciones inequívocas fueron que su uso rutinario para la promoción del crecimiento animal y la prevención de enfermedades en animales sanos debería suspenderse (recuadro 1). 1 De acuerdo con el plan de acción mundial sobre resistencia a los antimicrobianos, 2 el objetivo es ayudar a preservar la eficacia de los antimicrobianos críticos para la medicina humana. Como organismo supranacional, la OMS ha aprovechado la oportunidad para presionar de manera independiente a los responsables de la política sanitaria para que respondan ahora a su desafío.

Cuadro 1

Recomendaciones de la OMS 1

  1. Una reducción general en el uso de todas las clases de antimicrobianos médicamente importantes en animales productores de alimentos
  2. Restricción completa del uso de todas las clases de antimicrobianos médicamente importantes en animales productores de alimentos para la promoción del crecimiento.
  3. 3 Restricción completa del uso de todas las clases de antimicrobianos médicamente importantes en animales productores de alimentos para la prevención de enfermedades infecciosas que aún no han sido diagnosticadas clínicamente.
  4. 4a Sugiera que los antimicrobianos clasificados como de importancia crítica para la medicina humana no deberían utilizarse para controlar la diseminación de una enfermedad infecciosa clínicamente diagnosticada identificada dentro de un grupo de animales productores de alimentos    4b Sugiera que los antimicrobianos clasificados como de mayor prioridad (ver a continuación) de importancia crítica para la medicina humana no se deben usar para el tratamiento de animales productores de alimentos con un diagnóstico clínico …

 

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La Una industria cárnica desregulada genera bacterias multirresistentes que amenazan la vida de las personas

El ganado estadounidense recibe cinco veces más antibióticos que el europeo. Un nuevo estudio elaborado en Reino Unido confirma que en EEUU el uso de antibióticos y hormonas de crecimiento en vacas, cerdos y pollos es mucho mayor. Los expertos temen que Reino Unido empiece a importar carne estadounidense tras el Brexit que hasta ahora está vetada por la UE

Fuente: eldiario.es

El ganado que se cría en EEUU para convertirse en alimento recibe cinco veces más cantidad de antibióticos que los animales de granja de Reino Unido. Estos nuevos datos preocupan de cara a los nuevos tipos de importaciones de carne que se puedan producir tras las negociaciones comerciales posteriores al Brexit.

La diferencia hallada en las dosis es de al menos nueve veces más en el caso del ganado criado para carne de ternera, y puede ser hasta 16 veces mayor que las dosis que reciben las vacas de Reino Unido. A día de hoy, está prohibido importar ternera de EEUU en toda Europa, debido principalmente al uso indiscriminado de hormonas de crecimiento en EEUU.

El mayor uso de antibióticos, sobre todo aquellos que son indispensables para la salud humana –las medicinas denominadas “de último recurso” y que la OMS quiere vetar en su uso en animales– se asocia a una mayor resistencia a las medicinas y a la rápida evolución de las  “superbacterias” que pueden llegar a matar o causar graves enfermedades.

La diferencia entre los niveles de dosis en EEUU y Reino Unido arroja nuevas incógnitas en torno a las negociaciones del Brexit, bajo las cuales los políticos están tratando de negociar pactos comerciales para Reino Unido independientemente de la UE. La agricultura y los alimentos son áreas clave, sobre todo en cuanto al comercio relacionado con EEUU. Como parte de cualquier acuerdo, Washington podría insistir en abrir los mercados de Reino Unido para importar ciertos productos que están ahora prohibidos bajo la legislación comunitaria.

Cuando Reino Unido tenga que negociar desde fuera de la UE un nuevo acuerdo, lo hará bajo fuertes presiones para que acceda a tal tipo de importaciones. Ya en verano hubo fuertes discusiones sobre la posibilidad de importar carne de pollos tratados con agua clorada. Según expertos de Reino Unido, blanquear el pollo es una práctica peligrosa porque puede servir para camuflar una serie de prácticas poco higiénicas en la cadena alimenticia.

Ted McKinney, subsecretario de Comercio de EEUU, dijo durante  un encuentro con ganaderos británicos el mes pasado que estaba “harto y cansado” de escuchar las preocupaciones de los británicos sobre el pollo clorado y los estándares alimenticios de EEUU. Esto es una señal más de que el Gobierno de EEUU está tratando por todos los medios de lograr un acuerdo sobre productos agrícolas como parte de cualquier acuerdo comercial.

La resistencia a los antibióticos puede propagarse rápidamente entre manadas y rebaños, pero también puede producirse al comer productos alimenticios afectados, según la OMS.

Los antibióticos se utilizan tres veces más en los pollos de EEUU que en los que se crían en Reino Unido, dos veces más en los cerdos y cinco veces más en los pavos. Así lo indica la investigación realizada por Alliance to Save Our Antibiotics, un grupo de presión que basa su informe en nuevos datos que se hicieron públicos hace poco a través de corporaciones empresariales y el Gobierno.

“Las granjas de ganado vacuno de EEUU están abusando de manera masiva de los antibióticos. Las últimas investigaciones muestran las grandes ventajas para la salud de la ternera británica, que a menudo procede de animales criados en el campo, mientras que el ganado estadounidense suele terminar en criaderos intensivos”, compara Suzi Shingler, que forma parte de la Alliance to Save Our Antibiotics. “Los negociadores que probablemente se vean tentados a levantar el veto de la ternera estadounidense deberían no solo considerar el impacto en el crecimiento de las hormonas, sino también la resistencia a los antibióticos provocada por el uso indiscriminado”.

Se cree que casi tres cuartas partes del uso total de antibióticos en todo el mundo se suministra a animales y no a humanos, los cual plantea serias dudas sobre la agricultura intensiva y posibles efectos sobre la resistencia a los antibióticos, algo que puede propagarse con facilidad a las personas.

Cuando la resistencia se afianza y los medicamentos dejan de ser efectivos, hasta el tratamiento de enfermedades comunes puede ser un problema. Sally Davies, directora del Servicio Médico de Inglaterra, ha alertado de que la resistencia a los antibióticos es una de las peores amenazas a las que se enfrenta la humanidad. Ha dicho también que si no se toman medidas de manera urgente, operaciones rutinarias como el reemplazo de una prótesis de cadera se convertirán en intervenciones demasiado peligrosas.

La diferencia entre el uso de los antibióticos en el ganado estadounidense y británico se debe en parte a los esfuerzos por parte de las organizaciones agrícolas y los minoristas británicos para frenar el uso de tales sustancias. En los últimos años estos esfuerzos han sido mayores porque la crisis de las superbacterias se ha hecho más evidente.

Peter Melchell, director de las políticas de la Soil Association, concluyó:

“Los granjeros británicos ya han empezado a frenar su uso de antibióticos, y el Gobierno debe tener cuidado en no pasar por alto todo este proceso permitiendo importaciones procedentes de países que no respetan los estándares de Reino Unido y de la Unión Europea”.

Traducido por Cristina Armunia Berges

 

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Las infecciones por comer alimentos en mal estado se han doblado en los últimos cuatro años

La salmonelosis y las diarreas por campylobacterias son las dos enfermedades que pasan de animales a humanos por la comida más extendidas . Estas patologías son un indicativo de la seguridad en la cadena alimentaria: “El incremento en Europa es preocupante”, dice el Centro de Control de Enfermedades

Fuente: eldiario.es Raúl Rejón 17/12/2017 Enfermar por comer alimentos en mal estado es cada vez más frecuente. Los casos de salmonelosis en España se han doblado en los últimos cuatro años. Las infecciones por campylobacterias se han multiplicado por tres. Ambos patógenos encuentran en la comida la vía para pasar de los animales a las personas.

España detectó en 2016 9.800 casos de salmonelosis, mientras que en 2012 fueron 4.200, según el Centro Europeo de Control de Enfermedades (ECDC). Más de uno de cada diez casos en la Unión Europea fue español. El investigador jefe del ECDC, Mike Catchpole, explica que “el aumento detectado en toda Europa es preocupante y nos recuerda que debemos mantenernos alerta”. La salmonelosis había decrecido hasta 2014 en la Unión Europea.

Un ejemplo de la facilidad con la que pueden extenderse estas enfermedades que aprovechan los alimentos es la actual  alerta de salud pública activada en la UE por un brote de salmonelosis que afecta a ocho países y que tiene su origen en una línea de producción de huevos en Polonia. La alarma la dieron sendas cuestiones urgentes trasladadas por las autoridades sanitarias escocesas y holandesas al detectar un incremento anormal de casos de salmonelosis. La investigación a nivel europeo ligó los diferentes brotes hasta el país polaco y sus huevos.

La salmonela, la bacteria causante de la enfermedad, ha protagonizado 215 brotes en 2016. La vía más habitual son los huevos y sus productos derivados además de la carne de aves de corral.

Es una de las infecciones transmitidas por la comida más frecuente. De hecho, los datos apenas reflejan “la punta de un iceberg”, explican en el ECDC. Los casos detectados no muestran la verdadera dimensión de “infecciones circulantes”. Se calcula que en España los casos reales rondan los 28 millones.

La salmonelosis es quizá la infección zoonótica (que pasa de animales a los humanos) adquirida por los alimentos más famosa. Pero no es la única, ni siquiera la más abundante. La lista incluye patologías como la listeriosis, la triquinosis, la brucelosis, anisakis, yersiniosis o la toxoplasmosis. Sin embargo, la enfermedad más extendida es la campylobacteriosis. Sus bacterias están detrás de gran parte de las diarreas. El año pasado Un cuarto de millón de personas padecieron la acción de estos patógenos que suelen causar gastroenteritis. En España fueron 15.556, casi mil más que en 2015.

En los últimos cinco años, los casos de campylobacteriosis en España se han triplicado.

Un salto tan acusado que el propio ECDC ha apuntado en su informe la salvedad de que el sistema de vigilancia española “es más completo desde 2012” lo que puede explicar en parte ese incremento de casos confirmados. El foco más significativo de contagio de estas bacterias es la carne de pollo.

Todo tipo de alimentos

Las infecciones adquiridas con la comida indican el nivel de seguridad de la cadena alimentaria. Los análisis del sistema de vigilancia (cada caso tiene que comunicarse oficialmente) han conseguido identificar el origen de 382 brotes entre la salmonelosis, las campylobacterias y la listeria. El origen es de lo más variado: además de los referidos huevos, las infecciones han partido del pollo y el pavo, la leche y los lácteos, el pescado, productos mezclados y el cerdo. Incluso 34 brotes ocurrieron debido a alimentos de origen no animal.

El cuadro lo completa una variable cada vez más habitual al hablar de las enfermedades bacterianas: la resistencia a los tratamientos que están desarrollando los microbios. Las infecciones tanto de la salmonela como los 23 tipos de campylobacterias suelen pasarse con síntomas leves. Se autolimitan y desaparecen. Pero, en ocasiones, la enfermedad se agrava y precisa la aplicación de antibióticos para salvar la situación. Ahí es donde la resistencia antimicrobianase convierte en problema.

Las medicinas han perdido su efecto contra las nuevas colonias de salmonela o campylobácter que atacan a los humanos.

España está a la cabeza de las resistencias, también para las infecciones por alimentos: la samonela española aguanta mejor los antibióticos que la media en Europa, según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. Y las campylobacterias alcanza hasta un 91% de resistencia. El dato más alto de la UE.

 

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