Día: 12 enero, 2018

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Barcelona: Remunicipalizar el servicio del agua

La gestión del agua, el otro referéndum en Barcelona

Una campaña promueve la celebración en Barcelona de una consulta para decidir el modelo de gestión del suministro del agua, en manos de la empresa público-privada Aigües de Barcelona, cuya concesión de este servicio fue anulada en 2016 por el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya.

Fuente: elsaltodiario.com

La campaña Remunicipalitzem l’Aigua a Barcelona ha presentado una iniciativa ciudadana, con más de 45 colectivos y entidades adheridas, que pretende celebrar una consulta para decidir, de forma participativa, el futuro de la gestión del suministro de agua en la Ciudad Condal.

En el horizonte, explica a El Salto Miriam Planas, portavoz de Aigua és vida, una de las plataformas impulsoras de la campaña, conseguir que la gestión del agua sea pública.

“El objetivo es acercarnos a una situación similar a la que hay en el resto de Europa, donde la gestión del agua es mayoritariamente pública. En Catalunya, más del 80 % de la gestión del agua es privada”, apunta Planas.

La iniciativa, reconocen sus promotores, se inspira en experiencias previas de consultas populares impulsadas por movimientos sociales en ciudades como Berlín o Madrid, y en países como Italia y Uruguay.

Los colectivos promotores de la consulta entienden esta como un proceso democrático en el que la ciudadanía tendrá la capacidad de decidir qué modelo de gestión del agua quiere, mediante la respuesta a la pregunta: ¿Quiere usted que la gestión del agua en Barcelona sea pública y con participación ciudadana?

Para ello han de reunir 15.000 firmas antes del 15 de febrero, que permitan a la iniciativa ciudadana instar al Pleno municipal a discutir la organización de la consulta. “Ponemos a los vecinos en el centro para decidir el modelo de gestión del agua que quieren. A partir de la consulta –vaticina Planas–, el Ayuntamiento tendrá que decidir las medidas necesarias para remunicipalizar el suministro de agua, ya que hasta ahora no se ha tomado ninguna medida concreta sobre esto”.

En 2010, una sentencia judicial y una serie de investigaciones periodísticas confirmaron que durante 140 años, la empresa privada Aguas de Barcelona (Agbar) realizó el suministro a la Ciudad Condal sin que mediase ningún tipo de contrato.

Dos años después, se cerró sin licitación pública una “adjudicación exprés” que convirtió a Agbar en socia mayoritaria de una empresa público-privada a la que se otorgó la concesión de este servicio, blindada hasta 2037.

En marzo de 2016, el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) anuló la concesión del suministro a Aigües de Barcelona, la empresa dominada por Agbar, que recurrió esta decisión al Tribunal Supremo.

Hasta que el Supremo se pronuncie, Planas considera que “desde la ciudadanía hay que prepararse para recuperar la gestión, porque los procesos de remunicipalización son lentos. Se ha cedido mucha información sobre el suministro a una empresa, que debía estar en manos del Ayuntamiento”.

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2017, un año en el que el cambio climático ha sido muy evidente

Una vez finalizado 2017, toca hacer balance de lo que ha sido el mismo, en todo lo relativo a la climatología y los efectos derivados de ésta. Este año en España ha sido en general bastante seco, pues ha llovido un 28,95% por debajo de la media de precipitaciones del periodo 1981-2010, según datos de AEMET. Ello nos empuja a pensar que estamos inmersos en un periodo de sequía plurianual, que empezó en 2014, y que se ha agudizado durante 2017.

Fuente: Santiago Martín Barajas publico.es

Estos periodos de sequía plurianuales se suelen producir cada cierto tiempo en nuestro país. Sin embargo, los efectos de esta sequía aparentemente “normal”, se están viendo agudizados por otros factores, ligados directamente al cambio climático que estamos sufriendo.

Uno de los principales efectos derivados del cambio climático, al menos en nuestras latitudes, es la subida de las temperaturas medias, y eso mismo es lo que ha ocurrido en España durante 2017. La temperatura media durante este año ha sido nada menos que 1,2 grados centígrados superior a la media del periodo 1981-2010, también según datos de AEMET. Esta subida de la temperatura media conlleva una mayor evapotranspiración, reduciéndose de esa manera el agua que circula por los cauces o va a los acuíferos, que es la que podemos aprovechar. Es decir, que para un nivel similar de precipitaciones, el agua disponible, la que podemos captar y utilizar, es bastante menor. Efectivamente, según cálculos realizados desde Ecologistas en Acción, utilizando datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, las aportaciones de los ríos en régimen natural, es decir, el agua que va a parar a los cauces, se ha reducido aproximadamente una media del 20% en los últimos 25 años. Además, y aunque todavía no disponemos de los datos de 2017, la reducción de las aportaciones a los cauces que se ha producido durante este año, ha sido previsiblemente muy significativa.

Otro de los efectos del cambio climático es la sucesión de fenómenos climáticos extremos. Fuera de nuestras latitudes, en muchas zonas se produce una mayor frecuencia de huracanes, mientras que en España, y en general en todos los países mediterráneos, las olas de calor y temperaturas extremas son cada vez son más frecuentes. Por ejemplo, durante 2017, en la ciudad de Córdoba se superaron nada menos que en 37 días los 40 grados centígrados.

Las consecuencias ambientales y sociales de estas olas de calor y temperaturas extremas son especialmente graves. Según el Instituto de Salud Carlos III, más de 13.000 personas murieron en España a causa del calor en el periodo 2000-2009. La ola de calor que tuvo lugar en la segunda quincena de junio de 2017, tuvo un efecto devastador sobre un gran número de especies de insectos, cuyo ciclo reproductor se vio totalmente alterado, lo que produjo a su vez efectos muy negativos sobre muchas especies de aves, reptiles y anfibios. Asimismo, las altas temperaturas que han tenido lugar este verano, hicieron que los incendios forestales fuesen mucho más virulentos y difíciles de apagar, con el consiguiente mayor riesgo para la vida de las personas, como ocurrió en Portugal y Galicia; y afectando gravemente a zonas de gran interés natural, como pasó con el incendio de Doñana o los incendios de algunas zonas oseras de León y Asturias.

En definitiva, los efectos derivados del cambio climático están siendo cada vez más evidentes en España, y muy especialmente durante 2017.

Lo siguiente que cabe preguntarnos es, ¿qué están haciendo las autoridades al respecto? La respuesta es bien sencilla: prácticamente nada. A pesar de que las disponibilidades hídricas se están viendo progresivamente reducidas en nuestro país a causa del cambio climático, tanto el gobierno central como la mayoría de los gobiernos autonómicos, siguen autorizando y favoreciendo la expansión del regadío, que actualmente supone el 85% del consumo total de agua en España. De hecho, en los últimos 20 años, la superficie de regadío en España se ha incrementado en más del 20%, siendo las regiones donde más ha crecido Castilla-La Mancha (46,5%) seguida de Andalucía (38,3%) y Extremadura (27,1%).

El desprecio por parte del gobierno a todo lo relativo al cambio climático llega al extremo de que ni siquiera el presidente Rajoy se dignara a asistir a la Cumbre de Cambio Climático, celebrada en Bonn el pasado mes de noviembre.

Tal y como están las cosas, desde los movimientos sociales y la ciudadanía en general, lo que nos toca es presionar a nuestros gobernantes para que lleven a cabo todas las medidas necesarias para frenar en la medida de lo posible el cambio climático. También es necesario que inicien una adaptación de nuestro país a la nueva situación climática, que condiciona algunos aspectos tan esenciales como por ejemplo la disponibilidad de agua. En este sentido, debería frenarse la creación de nuevos regadíos, y llevar a cabo una reducción progresiva de los existentes hasta niveles sostenibles. En el caso de no hacerse, será el propio clima el que lo haga, y de forma mucho mas traumática, pues si no se limita el riego, podría estar poniéndose en riesgo incluso algo tan esencial como es el abastecimiento de agua potable a muchas poblaciones, y no en un futuro lejano, sino incluso en el próximo verano.

*Santiago Martín Barajas es Coordinador del área de Agua de Ecologistas en Acción

 


 

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